El Gobierno tiene que definir claramente una política comercial. Hasta el momento, los hechos señalan para ella rumbos contradictorios.
Por prejuicios ideológicos antes que por consultar el apoyo o rechazo de los sectores productivos y examinar con pragmatismo qué conviene al país, el presidente Correa cerró la posibilidad de negociar un TLC con los Estados Unidos, como lo han hecho los vecinos: el Perú tiene ya su TLC vigente y Colombia lucha por la aprobación final.
El país se queda sin apertura comercial con el mercado al que van más del 40% de las exportaciones. Las ventas no petroleras llegaron en 2007 al 22%; ese crecimiento tuvo el incentivo de las preferencias arancelarias andinas.
De otro lado, se suponía que la falta de un TLC con los Estados Unidos impone con urgencia reforzar otros mercados y buscar ampliarlos.
El comercio ecuatoriano hacia la Unión Europea representa alrededor de un 16%. No tiene coherencia, entonces, que para la negociación del acuerdo de asociación entre los países del grupo andino y la UE se prefiera el ritmo lento a la agilidad que piden el Perú y Colombia.
A pesar de la voluntad de negociar en bloque el acuerdo con la CAN, ha dado ya luz verde la UE a un ritmo más rápido de apertura comercial con los países vecinos.
Mientras estos negocian acuerdo de apertura comercial -el Perú acaba de firmar también acuerdos de apertura comercial con Canadá y Singapur-, el Ecuador se halla sin definición clara de su comercio exterior.
Hora GMT: 03/Junio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito
