Por Diego Araujo Sánchez
daraujo@hoy.com.ec
La falta de verdaderos partidos políticos es una gran debilidad de la democracia ecuatoriana. Se ha satanizado la política y a los partidos identificándolos con una caricatura de ellos, la partidocracia. Sin embargo, la caricatura contiene rasgos reales; es a veces más eficaz que la representación fotográfica para aprender una realidad. Su mecanismo más frecuente es la exageración de un rasgo que sugiere toda una interpretación de la persona, situación o realidad caricaturizada.
La satanización de los partidos ha dado el puntillazo final a la escasa credibilidad que mantenían como un canal de intermediación entre los ciudadanos y el poder político. Y esa destrucción es en extremo nociva para la democracia que necesita de un solido régimen de partidos. Sin este no es viable aquella.
Un gran obstáculo para la construcción de partidos políticos en el Ecuador ha sido el populismo caudillista: alrededor de líderes como Guevara Moreno, Velasco Ibarra, Ponce Enríquez se generaron fuertes movimientos políticos que quedaron exánimes cuando salieron de la escena política sus líderes, o esos partidos vivieron sus resurrecciones con diversos herederos, como con Asad Bucaram, el CFP, o Febres Cordero, el partido Social Cristiano.
Los intentos más serios de crear partidos ideológicos y modernizar el régimen de partidos se dieron con la Democracia Cristiana de Osvaldo Hurtado y la Izquierda Democrática de Rodrigo Borja.
¿Por qué el fracaso de los partidos? Quizás por la tendencia a preferir el liderazgo de una personalidad descollante a su desarrollo institucional.
Partidos y lucha política no se liberan de una noción que solía esgrimir con frecuencia el antes académico y hasta hace poco ex ministro del actual Gobierno, Fernando Bustamante: el patrimonialismo. Este se caracteriza por la enajenación del bien público por parte de quienes ejercen el poder, la falta de distinción de los límites entre lo público y privado, la concepción del poder como patrimonio hereditario. Así, por ejemplo, es sintomática en la experiencia ecuatoriana una suerte de derecho sucesorio dentro de la actividad política: los hermanos o parientes cercanos de quienes llegan al poder aprovechan esa circunstancia para iniciar su propia carrera política. Los Bucaram son un ejemplo paradigmático: desde los hijos del legendario don Asaad y su sobrino Abdalá hasta los hijos de este último, uno de los cuales recoge en estos mismos días, como candidato, la herencia del padre asilado en Panamá. Con Alianza País, que ha hecho su lucha política bajo la bandera del fantasma de la partidocracia, tampoco han cambiado las cosas: la presencia del líder populista en una vertiginosa carrera de ascenso político ha logrado afianzarlo en el poder; pero la misma práctica patrimonialista se fortalece con la posibilidad de reelección presidencial y el uso inevitable de la maquinaria gubernamental para las campañas electorales. El buró político es una reedición de las cúpulas partidistas que manejaba a su antojo los partidos tradicionales. Y hasta se repite la irrupción de los hermanos del presidente en la política, con Pierina de candidata a prefecta del Guayas.
Hora GMT: 02/Marzo/2009 - 05:10













.jpg)


02/Marzo/2009 a las 07:03
El gobierno actual resalta el culto al ego y a la prepotencia del presidente.
Es indudable que en Ecuador no hay partidos políticos serios. Porque tampoco hay líderes serios. Los que usted alude como "intentos serios de crear partidos ideológicos y modernizar el régimen de partidos se dieron con la Democracia Cristiana de Osvaldo Hurtado y la Izquierda Democrática de Rodrigo Borja." Estos dos personajes son los responsables de la destrucción del intento democrático del que siempre ha adolecido nuestro país. Las políticas estatales de estos dos individuos destruyeron la vida agraria de nustra tierra e incrementaron la pobreza en las ciudades por la migración del campo.
Señor Araujo que ahora sí tenemos puntos opuestos porque su ejemplo no es más que otro culto a la persona y la evidencia que Ecuador carece de partidos y líderes reales que nos saquen de este bache tan grande desde que nos llamamos democracia y tristemente nunca hemos tenido.
intentos serios de
02/Marzo/2009 a las 09:49
Si somos una consecuencia del pasado, con padres caudillos que solo dejaron pésimos resultados de gestión de los que usted, apreciado Sr. Araujo, rescata a Oswaldo Hurtado y Rodrigo Borja, por qué no se mantuvo el partido ballena; o acaso olvida que los Demócratas Populares (bien llamados por el Pájaro Febres Cordero hijos DP)nunca ganaron una elección. Estoy de acuerdo con lo que ocurre, porque a partir de ahora lo primero es no dejar que se reciclen los escombros y construir grupos democráticos sin cabezas que piensen por los demás.
02/Marzo/2009 a las 18:54
Los Gobiernos totalitarios solo tienen uno...
La partidocracia del siglo XXI, que es tronco de fanesca, tiene representantes de todos los anteriores partidos, bien amaestradaos para hacerce los chanchos rengos...
Aunque claro, cada vez que aparecen haya que exclamar a viva voz: "Ojo al Cristo y mano al bolsillo"