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Sin genitales

Publicado el 09/Febrero/2010 | 00:04

Rodrigo Tenorio Ambrossi


tenorior@hoy.com.ec

La escena se repite una y otra vez, desde el origen de los mitos, cuando apareció el espíritu de los poderes para decir que la mujer debía quedar fuera de aquello que provee de sentido a la existencia, el placer. Por eso, hoy se han congregado las ancianas, las madres jóvenes, los viejos encargados de cumplir con la tradición. La tradición es el mandato de los antiguos espíritus que crearon el mundo y que dijeron que el goce de la mujer destruiría el orden del mundo. Por eso, ahora, cuchillo en mano, van a dar cumplimiento a los mandatos de la tradición. En unos casos, cortarán los labios mayores de la niña. En otros, los labios menores o tan solo el clítoris. En otros grupos, la tradición obligará a que la ablación sea total. De forma rudimentaria, suturan las heridas dejando apenas el orificio necesario para la mixión. Cuando llegue a la pubertad y deba casarse, el marido, también cuchillo en mano, abrirá la entrada que permita su placer de hombre y la fecundación. Así, se cerrarán el círculo vicioso de la tradición y el de la exclusión de la mujer de los órdenes del placer y del goce.

Occidente no llegó a esos extremos en su afán de excluir a la mujer del placer de la sexualidad. Simplemente, lo prohibió mediante una tradición en la que ella aparecía como la causante del mal en el mundo. La Eva mítica tentando al hombre y conduciéndolo al mal irreparable del goce que los excluye a ambos del paraíso. No apareció el cuchillo para cortar sus genitales, pero sí una ética del mal de la que se responsabilizó a ella y que condujo a que sea esclavizada al deseo, al placer, a la voluntad de los varones. No se la castró físicamente, pero sí psíquica y socialmente al convertirla en objeto, no solo del deseo del varón, sino en objeto de toda clase de violencias. Se creó el cinturón de castidad con el que debió vestirse desde niña hasta la muerte. Ese cinturón, que no fue físico, sino moral, determinó que ella se convierta en objeto, en cosa. Cuando se resistieron a hacerlo, las quemaron por brujas o herejes. Freud, teorizando de la mujer castrada y, por ende, en una situación existencial de incompletud e inferioridad frente al hombre, que es el único ser completo porque posee el falo, símbolo de perfección y poder. La idea del falo simbólico y de la castración en la cultura no mejora casi nada la idea inicial porque seguirá siendo lo que fue desde el comienzo, es decir, una teorización de la feminidad desde el sometimiento y la falta de ser porque carece de pene-falo. Mientras se puede teorizar del hombre por sí mismo, de la feminidad nada se puede decir que no sea pasando por el masculinidad.

Desde los mitos del África y los machismos de Occidente, la posición de la mujer ha sido la misma. Por eso se la viola, se la trafica, se la vende para la prostitución infantil en los países de la pobreza para el turismo sexual de los ricos. Por eso, el infierno de Occidente está poblado de mujeres constitucionalmente malas. Por eso, la perfección de la mujer consistía en el dolor, en ser dolorosa y sufriente.

Hora GMT: 09/Febrero/2010 - 05:04

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