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Si nada nuevo dice

Publicado el 18/Diciembre/2009 | 00:12

Por Marena Briones Velasteguí
mbriones@hoy.com.ec

Como es posible colegir de las opiniones vertidas por las partes involucradas con el asunto, el informe presentado sobre el caso Angostura ha sido objeto más de crítica y rechazo que de otra cosa. Diría incluso que, al calor de tales declaraciones, a dicho informe se lo ha ido rodeando de un aire de desprestigio. Una circunstancia que, además, se ha visto apuntalada por la inclusión de un dato errado, cuya existencia ha sido reconocida y lamentada por la propia comisión. Tal ha sido la reacción en contra, que los comisionados se han visto en la necesidad de aclarar que las investigaciones no fueron exhaustivas. ¿Hubieran podido serlo respecto de un hecho tan esquivo y tan espinoso?
No conozco el contenido del informe y, para forjarme un criterio sobre él, no me son suficientes ni los resúmenes noticiosos, ni los puros ataques o amenazas, ni las meras suspicacias.

Tengo demasiado claro que el suceso de Angostura, por todas sus implicaciones, arrastra consigo muchos gatos encerrados. Las conclusiones, por otra parte y sin menoscabar los efectos que pudieren tener, no son lo esencial. La clave realmente está en cómo, de qué manera, atando qué indicios o evidencias, al lomo de qué razonamientos, los miembros de la comisión llegaron a establecer los resultados que establecieron. De tal manera que lo que deberíamos estar analizando es cuán convincente es el derrotero argumentativo seguido por los investigadores. Si alguien sostiene que no lo es, debe demostrar -también argumentando- que dicho derrotero carece de solidez. No he escuchado ni leído algo así.

En definitiva, lo que hasta el momento ha ocurrido es que determinadas personas fueron seleccionadas para que emprendiesen una tarea delicada e importante para el país; pero, una vez que ellas cumplieron el cometido, en lugar de examinar qué fue todo lo que investigaron y cuán justificados (fundamentados) son sus asertos finales, se las puso contra la pared. El informe ha sido acusado de no decir nada nuevo y, si efectivamente no lo dice, ni siquiera se nos ha ocurrido pedir o esbozar explicaciones de por qué. Mi intuición me advierte que la Comisión asumió una labor que, por sus complejas peculiaridades, siempre estuvo maniatada.

Al parecer, el informe sobre el caso Angostura ha caído redondo en un saco roto. Si tiene secuelas, lo más probable es que quienes las sufran sean los mismos comisionados.

No tengo elementos para evaluar la gestión realizada por ellos, pero tampoco he encontrado razones que me conduzcan a pensar que pudieron obrar con algún premeditado desvío. Quien sostenga algo así tendrá que probar que en ellos hubo la positiva intención de causar daño. Pero, y he ahí una clarísima inconsistencia de partida, ¿qué intención positiva de causar daño podría haber en un informe al que se le ha endilgado el demérito de no decir algo nuevo?

Qué diferente y beneficioso para el Ecuador hubiera sido que, desde las altas funciones del Estado, se proponga al país una revisión serena y meditada del informe. Para un proceder como ese, sí que nada nuevo hemos alumbrado.

Hora GMT: 18/Diciembre/2009 - 05:12

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