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Si hoy fuera ayer

Publicado el 29/Enero/2010 | 09:50

Por: Manuel Ruano

Para El Punto de Encuentro del Migrante


"Cositas que uno piensa, recuerda y se imagina en la lejanía"

Eran las siete de la mañana cuando me dirigía a mis labores diarias.

Miami amaneció con una deliciosa temperatura de catorce grados centígrados, así como amanece en los días veraniegos de algunas ciudades serranas de la República del Ecuador.

Tomé la carretera 836 en dirección este-oeste, vaya vista, el sol naranjita salía despeinado detrás de los grandes edificios de la ciudad, yo se que el mar está sereno tocando la arena del gran Miami, el viento está quieto, un par de nubes dibujan líneas de luz en el azul cielo, y me recordaba el cielo de Quito.

No bastó sino presionar play en el reproductor de discos compactos y sonó Don Alci Acosta, con el piano en claro canto, una brisa friecita entra por la ventana y me imagino mirar en una nube al majestuoso volcán Cotopaxi, con tiempo despejado, dejando ver sus canas de nieve y su derretido lunar de roca a un costado, como si estuviese viajando de norte a sur por la 10 de Agosto o la Occidental.

Miro a mi alrededor, vuelvo a la realidad y a la carretera, miro la gente y estos no se parecen a los míos, pero vuelvo a irme y los imagino como los míos, con el pelo recién peinado y mojado, bañados en colonia y brillantina, no hay buses en esta ciudad del Sol, pero igual los miro con la magia del soñar con ojos abiertos, y los veo con sus colores en franjas horizontales, sus borlas de adorno en el parabrisas, con sus calcomanías coloridas en los guardachoques y cerca del asiento del chofer, leo una de ellas que dice: "si es hijo del chofer, el niño no paga", escucho el pito del gendarme en la esquina, escucho al vendedor de periódicos, escucho los pitos acosando a la señora que no se pasó el semáforo en amarillo y trancó el tráfico, siento el sol caliente por la ventana.

Entre las notas del piano de Alci Acosta pienso escuchar la voz de Diego Oquendo en el noticiero de radio Visión, miro cerca a las paredes de las casas y se dibujan de la nada las puertas lanfor de las panaderías abriéndose, la gente saliendo con su bolsa de pan y su funda de leche, miro a dos pelados parados en la vereda, bien peinados, bien planchados, con la mochila mas grande que ellos, esperando por el transporte escolar, mas allá una viejita con chal saca la basura en una bolsita de rayas amarilla, roja y tomate, amarrada con doble nudo, la coloca en otro montón esquinero.

En esa misma esquina está la secretaria de alguien, de la empresa de alguien, con su faldita más arriba de la rodilla, media negra de nylon, zapato de taco, blusa de seda, saco estilo sastre, con pañuelo colorido en el esbelto cuello, cartera pequeñita y un aroma que tapa el gris smog, llegando apurado el típico oficinista, con la corbata volada al hombro, levanta la mano, mete un chiflido, el bus se detiene, sube la secretaria con la venia y piropo gratis del oficinista, el bus arranca, las manos de la secretaria y el oficinista se lanzan a agarrar el primer tubo que encuentran, y yo sigo mirando con la mirada perdida en el horizonte, ay.. si hoy fuera ayer.. dice la canción..

El tráfico lento en Miami sigue, miro el retrovisor y una dama se pinturetea aprovechando la lentitud, todas las mujeres hacen lo mismo en todos los lugares creo, pero en Ecuador era algo diferente, me vuelve la imagen y miro a la misma mujer al volante con una cucharilla de esas de tomar café en la mano, rizándose las pestañas, después saca el polvo en una cajita redonda, color rojo oscuro medio cafecito, con una maja en la tapa, después saca el pico como si fuese a dar una mucha a alguien y se unta de carmín los labios, se los delinea con el dedo anular, por cierto hasta distingo las uñas pintadas en rojo sangre de toro y el anillo de casada con piedra de zirconia y flores de plata.

Respiro profundo, estoy bien lejos, el aire frío entra hasta el último alveolo, se acaba la canción, comienza otra, y les pregunto: ¿no les ha pasado esto? que uno en algún momento se acuerda de esa peladita que una vez fue (y en el caso de las mujeres el peladito), que dejó una huella imborrable, y que ahora estando lejos, con este paisaje, con este amanecer fresco, con esta música que evoca viejos tiempos vividos, uno se recuerda y se pregunta: ¿qué sería de ella? ¿qué sería de él? y, comenzamos a recordar detalles de aquella soledad en esta soledad y en esta lejanía.

Yo recuerdo el primer día que la vi, recuerdo las primeras palabras, recuerdo cuando me le declaré y cuando ella se puso roja y me dijo si, recuerdo todos los lugares donde recorrimos sin darnos cuenta, y que ahora por este hermoso día y por esta música, me sacó del inconciente, de la parte del cerebelo y me puso a escribir.

Recuerdo cuando con esa peladita pasamos por el parque de El Ejido y miramos las escopetas de aire que disparaban a los chicles, probamos suerte y puntería, dimos en el blanco a una cajita de chicles Adams color rosado, seca por el sol y el viento y las gomas de mascar más duras que pan viejo, pero es el recuerdo más dulce y suave que tengo que se asocia con este amanecer, y espero que ustedes hagan el ejercicio y recuerden, claro, quizá para ustedes les sea mas fácil, los recuerdos no los tienen que imaginar tanto, ustedes están cerca de ellos, quizá ustedes no tengan que hacerse la misma pregunta: ¿dónde estará el o ella?, a lo mejor la ven todos los días, no se, pero ya el tráfico está más rápido, se me está haciendo tarde, ojala mañana amanezca de la misma forma, para volver a perderme en el horizonte, pensar en esa peladita, recordar que estoy lejos, y que me puedo dar el placer de de vivir esos días una y otra vez, siempre que amanezca frío, siempre que este solo y pueda soñar despierto, y escuchar esa parte de la canción que dice:
...Si hoy fuera ayer por Dios, que no la dejo partir, Si hoy fuera ayer..

Manny Ruano
Miami, Florida

mruano@hoy.com.ec

Hora GMT: 29/Enero/2010 - 14:50



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