Los pillareños solicitaron al Instituto de Patrimonio Cultural declarar a la Diablada de Píllaro patrimonio cultural.
La multitudinaria comparsa de los diablos bailarines es el ícono del cantón tungurahuense que vive sus fiestas este fin de semana.
Según el historiador Pedro Reino, esta expresión popular tendría más de 200 años de vigencia. "Durante la conquista, los sacerdotes mostraban la fisonomía de satán a los indígenas explicándoles el pecado. Pero algunos indios se disfrazaban en la noche con paja, heno y cuernos de animales para espantar a los religiosos", explicó el historiador.
Con el pasar de los años -añadió Reino-, otra teoría se ha consolidado. "Asustar fue una estrategia de hermanos, padres y novios para ahuyentar a los admiradores de las jovencitas", refirió el estudioso.
No obstante, lejos de ahuyentar, los 6 000 diablos que recorren las calles de Píllaro en enero y julio de cada año invitan a visitar el cantón y cohesionan a la población de todas las parroquias y edades.
Los rojos y azules danzantes no escatiman para lucir los trajes que pueden costar hasta $1 000. Telas brillantes de rayón, seda, hilo, con bordados a mano, chaquiras, pedrería, lentejuelas
son algunos de los elementos que hacen más vistoso al vestido típico.
La pasión por la "Diablada" hizo de Alicia Velasteguí (40) una experta en la confección de trajes, lo que le ha valido varios premios.
"Lucir un traje bien hecho vale la pena. No es un ritual para el demonio, sino para compartir la amistad, quitarse las penas y olvidar las dolencias de salud", aseguró la pillareña, que confecciona trajes de alquiler a módicos precios ($1- $1,50).
Las máscaras son elementos imprescindibles de la fiesta. El precio de las vistosas caretas van de $5 a $120. De ellas se encarga el pillareño Gustavo Jácome, quien utiliza cuernos y colmillos de animales o de plástico porque "son más livianas para los diablos".
"Evitamos el consumo de licor durante el recorrido. Queremos rescatar la legión de 40 demonios que representaban la viuda loca, la caja ronca, el cura sin cabeza, el duende y el alma (esqueleto que preside la comparsa), contó Jácome, quien elabora las máscaras hace 30 años. (VCH)
La familia entera participa en la "Diablada"
El participar en la comparsa es un compromiso familiar. Tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, padres e hijos pillareños han bailado por lo menos cinco ocasiones como diablos. Desde hace más de 40 años, las mujeres también pueden vestirse de diablos y consideran que gracias a su inclusión la tradición se ha hecho más firme y vigente en las nuevas generaciones. Este año la festividad se plantea hacer más vistosos los trajes de la delegación femenina que representa el 40% de las comparsas que cierran las fiestas del cantón.
La agenda de fiestas incluye varios actos
Además de la "Diablada", Píllaro tiene un extenso programa de fiestas para todos los gustos, que promete contrarrestar el frío del cantón tungurahuense. La agenda incluye folclor, música, desfiles, competencias atléticas, de rally, 4x4, liturgia, exposiciones agrícolas y ganaderas y, por supuesto, las corridas taurinas populares que se realizan en una plaza de toros, levantada pocos días antes de la fiesta. Para llegar a Píllaro se debe tomar un desvío ubicado en la Panamericana Norte, a la altura de Ambato. Desde la capital tungurahuense, llegar toma alrededor de 25 minutos.
Hora GMT: 01/Agosto/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito
