Fernando Crespo Regalado*
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La agonía es la angustia o congoja del moribundo, unas lentas y otras afortunadamente cortas, constituyen el trance intermedio entre la vida y la muerte, es un estado de dolor y sufrimiento extremo e insoportable padecido por los hombres en el camino hacia su perpetuo sueño.
La agonía es siempre irreversible por que inexorablemente culmina con la muerte, por su propia naturaleza a nadie recrea y siempre conmueven aquellos prolongados y dolorosos desconsuelos que escoltando el fin de la vida nos sumergen en la pena o aflicción extrema.
Las agonías nos recuerdan que todos los seres humanos, gobiernos y proyectos políticos tienen fecha de caducidad y vencimiento; y que la existencia incluida la del Coronel Hugo Chávez Frías, de ninguna manera representa una excepción, presumo que sus médicos ya le comunicaron al presidente venezolano, su condición de moribundo y que posiblemente sus pupilas están ya siendo progresivamente empañadas por la niebla de la muerte.
Cuando un ser humano está gravemente herido, enfermo o sufre mutilaciones, claudican y se degradan las funciones vitales, mientras aislado y en silencio vive la soledad de sus humanas e íntimas miserias.
A las puertas de la muerte o en lo que resta de su existencia el presidente venezolano, cuyo recuerdo a no dudarlo perdurará en la memoria universal, ha demostrado entereza y un inmenso apego a una vida que se le escapa sin remedio, seguramente el orden de sus prioridades ha cambiado y como cualesquier ser humano moribundo aspira y necesita ánimo, aliento, afecto y compasión.
Seguramente al coronel Chávez, atrapado en sus laberintos dialécticos, le horroriza la embestida y el ensañamiento político de aquellos insensatos que adelantada y perversamente festejan cantando el fin de la "maldad de los tiranos", pero será el dictamen de la historia el que un día, en última instancia juzgará el valor de sus esfuerzos y pasiones.
La evolución clínica del cáncer es incierta y ocasionalmente impredecible, su tiempo de sobrevivencia plantea incertidumbre más aún desconociendo pormenores de la naturaleza tumoral y su pronóstico; las predicciones se establecen fundamentalmente y sin certezas en razón de aproximaciones estadísticas o solamente lúgubres promedios.
En sus últimos días sumido en el dolor, solo en su tormento y ya casi vestido de mortaja, en tono agónico, deprimido y conmovedor pero con enorme dignidad, el Presidente Chávez ya despojado de su pretensión de ser un Bolívar contemporáneo y habiendo batallado contra todas las adversidades, desesperadamente solamente busca un refugio espiritual.
Sin lugar a dudas, su proyecto del socialismo del siglo XXI, sus anhelos de eternidad y aquellas humanas e ingenuas vanidades ahora importan menos; hoy son otras las dudas y cosas que le preocupan, en este momento el no es más que un ser humano al que atribulado y en abierta lucha con la muerte, ya le está alcanzando la soledad del último crepúsculo.
*Invitado de HOY
Ciudad Quito






