El inesperado anuncio de la renuncia de Alberto Acosta a la Presidencia de la Asamblea tomó por sorpresa al país cuando faltan menos de cinco semanas para que concluya el plazo de seis meses y los dos de prórroga que el estatuto estableció como duración máxima para la Asamblea Constituyente.
El presidente de la República y otros dirigentes del partido de Gobierno han insistido en que la Constitución se deberá entregar hasta el 26 de julio; Acosta se mostró partidario de privilegiar, antes que el calendario, el debate democrático y la calidad del texto constitucional.
No obstante, esta discrepancia parece solo la punta del iceberg de otras más profundas, por ejemplo en cuanto a la concepción de la democracia participativa. Correa sugirió que una actitud en exceso democrática del presidente de la Asamblea había retrasado el trabajo de elaborar la Constitución, olvidando las presiones del propio Ejecutivo para la aprobación de algunos mandatos que distrajeron a la Asamblea del encargo que hizo la ciudadanía en el estatuto. El trabajo serio, con coherencia ideológica y convicciones democráticas de Acosta en la Asamblea ha contado con el reconocimiento de un amplio sector de la opinión pública. Podía ser incómoda su presencia en la Presidencia de la Asamblea para un liderazgo centrado más en Correa que en el fortalecimiento de las instituciones.
La salida del presidente de la Asamblea deja más dudas e interrogantes sobre el verdadero interés de ese fortalecimiento desde el proyecto oficialista.
Hora GMT: 24/Junio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito
