Opinión de Diario HOY
El candidato más cercano al Gobierno, Galo Chiriboga, se halla a un paso de la nominación como fiscal general del Estado: al rechazarse las impugnaciones presentadas a su candidatura, queda con el puntaje más alto, dos por encima de los 84 puntos que obtuvo el segundo mejor calificado, Antonio Gaglliardo. Restan por resolverse, en esta semana, las previsibles últimas apelaciones por parte de impugnadores e impugnados ante el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social.
La experiencia del nombramiento del fiscal deja un saldo negativo por el cúmulo de cuestionamientos contra el proceso mismo, sobre todo por aquello que uno de los participantes que se retiró del concurso, Xavier Zavala Egas, denominó el festÃn de puntos, en la etapa de calificación de las carpetas de los postulantes.
Desde entonces, no habÃa dudas del candidato al que apuntaban los intereses del Gobierno. AsÃ, son obvias las dudas sobe un ejercicio independiente de la función del fiscal general por la excesiva cercanÃa de Chiriboga con el Gobierno, el que se ha desempeñado como exministro y es hasta ahora embajador en España.
El tortuoso proceso evidencia además las debilidades de una participación ciudadana cooptada por los moldes institucionales del Estado por medio de un Consejo de Participación Ciudadana en el cual los integrantes del organismo actúan, desde su condición de consejeros, con una representación que no les asignó en ningún caso el voto popular sino un cuestionado concurso de oposición y méritos.
¿Se ha ganado en algo que este tipo de selección haya pasado de manos de los legisladores que, al menos, cuentan con la legitimidad del voto ciudadano, al Consejo de Participación? ¿No siguen las negociaciones bajo la mesa y la influencia del Gobierno de turno para el resultado final? ¿No muestra esa participación un evidente déficit de ciudadanÃa?







