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Saber y saber hacer

Publicado el 09/Agosto/2009 | 00:08

Por Fernando Moncayo Castillo

Con enorme emoción, asistí la semana pasada a la graduación de la primera promoción de estudiantes de la Universidad de los Hemisferios. Con nostalgia, recordaba cómo, hace un poco más de cinco años, tuve la oportunidad de escuchar sobre este proyecto, que no era más que un grupo de hojas impresas, anilladas, pero con vida propia dada por sus fundadores: ecuatorianos comprometidos con nuestro país, "guiados por unos principios éticos, morales y científicos profundos", que buscaban entregar a la sociedad "ciudadanos responsables en el medio en el que les corresponda ejercer su trabajo".

Qué mejor lugar que el Teatro Bolívar, ícono de nuestra ciudad y demostración viva de lucha, para albergar a los invitados a un acto cargado de simbolismos, generosidad, esfuerzo, reconocimiento y emoción.

Entre luces y discursos y con el corazón ardiendo por la lágrima que dejaba caer una de las asistentes, mi mente recogía los recuerdos de las primeras reuniones, el sueño, los anhelos y planes por convertir la idea en realidad. Pesaron más la visión y la pasión de sus promotores, quienes, muchas veces tildados de "locos" o "soñadores", han sabido pasar cada uno de los obstáculos que solo ellos saben quién y cuándo puso frente a ellos. Estoy seguro de que ahora saben el por qué.

Ojalá nuestra país estuviera colmado de más "locos soñadores" como María Graciela Crespo, Alejandro Rivadeneira y Alvaro Bayas, entre otros fundadores de la universidad, quienes nos han demostrado, en vida, que el ser humano es capaz de lograr lo que se propone, más aún cuando su motor es un deseo profundo por dar mejores días al Ecuador y a su gente, acompañado de una enorme fe en Dios y el vivo gozo del servicio a los demás.

La universidad es la etapa más importante del desarrollo profesional del ser humano, tiene un impacto directo en la creación de nuevas fuentes de trabajo, por consiguiente, en el crecimiento de la Nación. "Adonde vaya la universidad, irá la patria", dijo un ex presidente de la República. Pues bien, ya sabemos dónde está. Y la situación de la universidad ecuatoriana es una de las causas de vivir lo que estamos viviendo hoy en el país.

No hay nada más digno que el servir al prójimo. El servicio transformado en la entrega de herramientas se convierte en acción, progreso, desarrollo.

El servicio o ayuda a través de la limosna, la teoría o el padrinazgo lo único que genera es seres humanos esclavos de sus propias debilidades, carcomidos por su ignorancia, absolutamente entregados al primer "prójimo" que decida fijarse en ellos o aceptarlo en su entorno, la gran mayoría de veces, a cambio de algo.

El conocimiento, el "saber", tienen que venir acompañados con el "saber hacer", en caso contrario, el mundo se seguirá llenando de corderos, borregos, seguidores, asustados ante las adversidades propias de la vida, y de los retos que un mundo globalizado exige a las personas que hemos entendido que nacimos para dejar huella.
¡Salud, graduados! Esta Patria maravillosa los necesita.

fmoncayo@hoy.com.ec

Hora GMT: 09/Agosto/2009 - 05:08

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