Por Cecilia Velasco
Este 17 de noviembre fueron las efemérides de la muerte de Auguste Rodin (Francia, 1840-1917). La imagen agrandada muestra los cuerpos desnudos, en mármol, de un hombre y una mujer entregados a la vieja práctica del beso, sentados sobre la piedra. Un pie de ella descansa sobre el de él, el brazo femenino abraza el cuello del hombre, una de cuyas manos se ha posado en la cadera de la mujer. Redondez de los músculos, intuición de la osamenta, peso, luz sobre la pareja de amantes: el mármol ha remplazado la carne trémula.
Dependiendo del ángulo de observación, la pareja llega o no a juntar los labios; fue esculpida entre 1886 y 1990, por Rodin, mientras trabajaba con su alumna y posterior amante, Camile Claudel.
El beso, así como el famosísimo Pensador, inicialmente formó parte del gran proyecto escultórico Las puertas del infierno, un monumental grupo que mide 6 metros de alto, 4 metros de ancho y 1 metro de profundidad, que alberga 180 figuras de dimensiones variables entre los 15 cm y más de 1 m, y que se basó en La Divina Comedia, cuyos personajes principales parecen ingresar en un mar oscuro y pétreo. Los que se besan son Francesca Rimini y Paolo, quienes se enamoraron mientras leían un libro; asesinados por el marido traicionado, inspiran en el infierno, que es adonde han ido a parar juntos, las más tiernas y compasivas palabras del poeta Dante. Rodin simbolizó el pasaje literario, y se puede ver el libro que desató la pasión amorosa en una de las manos del hombre. La historia de El beso es representativa de los problemas de recepción, censura y comercio del arte: entre otras curiosas anécdotas, permaneció cubierto con una lona durante años, debido a su contenido erótico.
Rodin, a lo largo de su trayectoria, revolucionó la escultura al hacer que la anatomía fuera el trasunto de emociones y, en tal sentido, las proporciones no debían ser necesariamente armónicas, ni el artista le debía sujeción al modelo, sino que privilegiaba una intención transformadora para que las figuras talladas expresaran carácter y espiritualidad, y no constituyeran pura representación.
Por su parte, Camile Claudel, nombre que le es inseparable, fue escultora desde niña, y sufrió intensamente por la imposibilidad del amor con Rodin, como muestra su espectacular obra en bronce L'Age Mur. Tras un nuevo fracaso con el compositor Debussy, ella pasó los últimos 30 años de su vida en un sanatorio para enfermos mentales sin visitas de sus familiares. La suya fue una tumba sin nombre.
¿El arte nos salva del olvido y de la muerte? ¿Hay un cielo especial para los genios? ¿Un infierno, como el de Francesca y Paolo? ¿Un averno verdadero como el que vivió Camile Claudel, oprimida por una familia cruel, con excepción de su hermano Paul y de su padre, que no alcanzaron a salvarla? ¿Se puede vivir sin arte?
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Hora GMT: 18/Noviembre/2008 - 05:06
