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Resurrección

Publicado el 29/Noviembre/2009 | 00:11

Por Pepe Laso


joselaso@hoy.com.ec

No se por que, pero sobre todo, las noches de lluvia, la Casa de la Música, tiene un no se que de cuento de hadas. Será el olor de los eucaliptos, me pregunto, mientras subo las gradas, porque unos amigos nos han invitado al preestreno, de la Sinfonía 2 "Resurrección" de Gustav Mahler. ¿Será acaso una más de esas ritualidades, pensaba, que marcan lo que un gran sociólogo francés, llamó la distinción. Ese gusto que sentimos por ciertos bienes culturales, que no es inocente, sino que refleja, una cierta historia social, que nos ha provisto de una manera de mirar, de oír, de sentir y que nos hace discriminar a los demás?

Son residuos de una mala conciencia la que me ronda, porque nada de eso acontece. "La Casa de la Música" se va llenando de mucha gente joven que viene todavía con sus mochilas, de abuelitas con sus nietos, de los típicos padres de familia que llegan de su trabajo a escuchar cómo sus hijos, sus compañeritos de colegio o escuela, van a interpretar una de las obras más grandiosas del postromanticismo, para comunicar el acceso al gozo que antes estaba reservado, para unos pocos distinguidos.

Están ya en el escenario los coros, Pichincha, Fosje, Ute, Voznova, Liszt, Conservatorio, Cantantes, Amistad, Casa de la Cultura y las emociones se agrandan cuando el director musical señala que esos diminutos personajes de la primera fila, que a ratos son vencidos por el sueño, son los niños del coro de las escuelas de Fe y Alegría, que van a cantar "Luz prístina" y "Moriré para vivir" en un alemán impecable.

Y van entrando las orquestas. La filarmónica del Ecuador, la Juvenil de Guayaquil, la Simón Bolívar de Venezuela. 429 personas en escena .

Y entra el director, este extraordinario músico ecuatoriano que es Patricio Aizaga y la gente le aclama, porque reconoce en él a uno de esos celebrantes de la vida, como José Antonio Abreu, premio Principe de Asturias, quien a través de la música organizó el Sistema de Orquestas de Venezuela con miles de niños y jóvenes de los sectores populares y ese otro Daniel Berenmboin, el gran maestro argentino-israelí, que busca la paz a través de la integración de esa gran orquesta, con músicos palestinos e israelíes, porque , como dijo "Chinos, europeos, judíos, musulmanes…todos somos iguales frente a la Quinta Sinfonía de Beethoven".

Edward Said, al compartir con Berenmboin, también el premio Príncipe de Asturias dijo " Nos da esperanza, que quizá entre todos, entre ustedes y yo, podamos proveer a los pueblos palestinos y judíos con algo sin lo cual el hombre no puede vivir, esperanza de una vida mejor".

Y vemos salir a los niños y a los jóvenes con sus violines, sus cornos, sus trompetas, sus clarinetes, sus violines y sus zapatitos nuevos, mientras, mi amigo, que se pertenece a la organización musical, me dice emocionado "te imaginas, la generosidad, la dedicación, las horas de ensayo, la paciencia, la gratuidad del amor, lo maravilloso que es este país, en el que se nos ha sido dado vivir"

Hora GMT: 29/Noviembre/2009 - 05:11

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Comentarios

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  1. 1 David Cobos desde - Quito

    Bendito sea Dios. Que todos entendiéramos que nuestro Ecuador es maravilloso, con todos incluidos. Si. Hasta los ciegos de conveniencia. Con todos ellos incluidos, Ecuador es maravilloso. Y que nadie se deje convencer de lo contrario.

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