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Restricciones al comercio

Publicado el 19/Enero/2009 | 00:08

Por Francisco Rosales Ramos


Si se registra un creciente desfase entre exportaciones e importaciones, déficit en la balanza comercial -aunque lo decisivo es la balanza de pagos o la cuenta corriente-, la solución más socorrida suele ser prohibir la importación de determinados productos y restringir o encarecer la de otros a través de la fijación de cupos o medidas de efecto similar. La presentación del programa es sencilla: el país no puede malgastar sus divisas en comprar artículos innecesarios o de lujo, como perfumes, galletas, confites, frutas, automóviles que colapsan el tráfico, etc.

La receta incide en los efectos, pero deja intocada la causa: incremento de la demanda. Además, el comercio internacional es bastante más complejo. Los países adquieren compromisos con otros Estados, ya por tratados bilaterales, ya a través de acuerdos de integración regional o zonal, ya por pertenecer a organismos multilaterales como la Organización Mundial del Comercio (OMC). Estos organismos prevén salvaguardias transitorias, pero deben ser suficientemente justificadas. Adicionalmente, las corrientes comerciales son, por naturaleza, de doble vía, es decir que para vender, hay que comprar. Y si se imponen restricciones a las compras, es posible que se limiten sus ventas. De allí que las decisiones sobre comercio exterior deben inscribirse dentro de una política de largo plazo y tener en cuenta sus repercusiones y efectos.

En el caso ecuatoriano, hay que recordar que buena parte de sus exportaciones principales -aparte del petróleo- son de productos prescindibles, por lo que no habría que descartar represalias por parte de quienes se afecten por las limitaciones a las compras del Ecuador; con lo cual, el efecto neto de la medida podría ser peor que permitir importaciones de algunos millones en un comercio exterior que supera los $30 000 millones.

Tampoco hay que olvidar al consumidor. Al contrario, sus intereses legítimos deben ser tenidos en cuenta de manera prioritaria. Las limitaciones a la importación restringen la posibilidad de escoger y generalmente encarecen el producto, y crean protecciones excesivas -a veces infinitas- a la producción local, precisamente en perjuicio del consumidor. El propio productor, al perder el acicate de la competencia, cae en una suerte de modorra competitiva que, a la larga, jugará en su contra.

Derechos arancelarios de 50% o más, licencias previas y prohibiciones de importación fueron medidas ampliamente utilizadas en las décadas de los sesenta y los setenta del siglo pasado, que si bien pudieron favorecer procesos de sustitución
de importaciones, cumplieron su etapa y significaron un alto costo para el ciudadano. De esta manera, se requiere un profundo y objetivo análisis de las recetas proteccionistas, antes de embarcarse por ese tortuoso camino.

rosales@hoy.com.ec

Hora GMT: 19/Enero/2009 - 05:08

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