Por Alexandra Ayala Marín
alexayalama@hoy.com.ec
Que dos organismos internacionales, OEA y ONU, y otros como el Grupo de Río hayan decidido respaldar al depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, es aval contundente para decirle al mundo que allí hubo ruptura del orden constitucional. Y que es ese orden, basado en la máxima ley de un país, el que se debe proteger de intervenciones dictatoriales que, por buenas intenciones que tengan, son siempre advenidas a la fuerza, sin legalidad o sin elecciones populares.
Y no es que las urnas sean los únicos factores para legitimar el ejercicio democrático, de poder y de protesta. La experiencia es larga en el planeta. Aquí mismo, en nuestro país, las intervenciones ciudadanas, manifestadas multitudinariamente en las calles y regadas con sangre muchas veces y en diversos momentos históricos, han puesto en primer plano la legitimidad, aun desconociendo la legalidad que se traduce en la elección de un presidente por los votos. Tres hechos políticos de nuestra historia nacional son relucientes botones de muestra de hace apenas 12 años. Atribuidos a nuestra casi proverbial debilidad institucional, esa que trata de ser reparada con la Constitución de Montecristi, tres derrocamientos presidenciales implicaron desconocimiento de la ley máxima de nuestro país, pero fueron legitimados por las acciones ciudadanas de hartazgo y rechazo, frente a evidencias de corrupción y otras fealdades políticas.
En 1997, cuando Bucaram salió corriendo de Carondelet; en 2000, cuando Mahuad dimitió luego de feriado bancario, dolarización y lo que había detrás de esas medidas; y en 2005, cuando Gutiérrez se "voló", porque los militares le retiraron su apoyo, negados a seguir reprimiendo las intensas jornadas de protestas ciudadanas en las que se rechazaba nepotismo, entreguismo, traiciones. En ninguno de esos episodios recientes, hubo intervención militar directa. No fueron golpes represivos ni se censuraron medios de comunicación, lo que generalmente se hace en los ya casi olvidados golpes militares de Latinoamérica y que es lo que pasa hoy en Honduras. No. Fueron protagonizados por una ciudadanía que, como en una sucesión de memoria histórica acumulada desde 1997, culminó en una de las revueltas más significativas de nuestra historia política, la de los "forajidos".
No es lo que ha ocurrido en Honduras. Quiero decir que no es la movilización ciudadana la que ha derrocado a Zelaya. Cierto que él se ha contagiado con esa enfermedad, transmitida recientemente por Hugo Chávez y que está produciendo una generación de presidentes que busca prolongar, si no es perpetuar, sus mandatos; cierto que con su vuelco político de capitalista y explotador maderero a socialista bolivariano ha desconcertado a sus antiguos aliados económicos; pero ello no da razones de legalidad ni de legitimidad para justificar su destitución. Por esto, el respaldo internacional. Pero distinto es que presidentes latinoamericanos de la tendencia, incluido el nuestro, pretendan escoltarlo para, dizque, recuperar la Presidencia. Eso sería provocación. O injerencia.
Hora GMT: 04/Julio/2009 - 05:09

04/Julio/2009 a las 01:20
El respaldo de organismos internacionales a la una parte de una disputa no siempre quiere decir que la otra parte esta equivocada. Recordemos el respaldo incondicional que la ONU dio a los EEUU para el ataque a Iran, aduciendo que el pais arabe tiene armas de destruccion masiva, para luego de 6 anos, reconocer que nunca las tuvo. Resultado: un pais destruido, otro pais endeudado hasta el cuello, y la ONU, como si nada hubiera pasado. Los organismos como la ONU, OEA, y demas han demostrado hasta la saciedad que sirven para nada. Sus respaldos son meramente saludos a la bandera, con el fin de quedar politicamente bien ante todos.