El Gobierno también se benefició demostrando su decisión de aportar a la solución del conflicto sin envenenar el escenario
Omar Ospina García
oospina@hoy.com.ec
Con más hipocresía que realismo se discute si el rescate del periodista francés retenido durante 33 días por las FARC al término de un combate con el Ejército de Colombia, fue un show mediático aprovechado por las guerrillas, por el Gobierno, por Piedad Córdoba y hasta por el secuestrado, a quien se vio muy activo filmando durante varios momentos. Por cierto, parece que en el combate no hubo 15 muertos como informó el Ejército, sino uno. Es perverso magnificar hechos de por sí dolorosos: un solo muerto ya es demasiado.
Pero no solo fueron tales protagonistas quienes sacaron partido al pantallazo: también los habitantes de la región donde se produjo la liberación aprovecharon cámaras y grabadoras para exigir al Estado colombiano que los recuerde y que tenga en cuenta su abandono y su miseria, si no quiere que cultiven coca para subsistir. Lo que lleva a otra mentira militar: la destrucción de un "importante laboratorio capaz de producir 800 kilogramos de pasta base de cocaína". En realidad lo que se destruyó fue la pequeña cocina donde un pobre campesino abandonado por el Estado, procesaba 800 gramos que le permitían subsistir unos días con su familia.
Hubo quien, desde las páginas editoriales de un importante diario, mencionó que el rescate había sido aprovechado ventajosamente por Telesur, por imposición de la guerrilla y con el aval de la exsenadora Córdoba, para la cobertura del hecho de manera exclusiva. Si se miran bien las cosas, todo eso es cierto y lo es por lógica realista: fue un hecho noticioso de alcance mundial en el que algunos disfrutaron de sus 15 minutos de fama y otros mantuvieron su presencia mediática. No hay que alarmarse por eso ni denigrar de sus protagonistas por ser noticia y estar en pantalla y en primera página. Y que una cadena de televisión hubiera conseguido la exclusiva, habla muy bien de sus capacidades periodísticas.
Fue apenas lógico que los actores aprovecharan el momento. Se trataba de la liberación de un hombre capturado en una acción de guerra, que no era militar sino un periodista extranjero en medio de un conflicto que lleva 60 años de trágica ocurrencia y que, por eso mismo, tenía una amplia cobertura mediática. No fue, ciertamente, ningún rescate: allí no hubo un Comando Militar que arrancara al retenido a sangre y fuego de las manos de sus captores, sino su entrega voluntaria a la Comisión Humanitaria, por parte de algunos de los jefes guerrilleros que lo retuvieron.
Y si la guerrilla aprovechó para enviar un mensaje a los países europeos, no hizo otra cosa que actuar en consecuencia con sus métodos y sus objetivos. El Gobierno también se benefició demostrando su decisión de aportar a la solución del conflicto sin envenenar el escenario con medidas de fuerza que hubieran podido dar al traste con todo y poner en peligro vidas inocentes. Y Colombia mantiene la esperanza en la racionalidad de los actores del conflicto, ahora sin mezquindades vengativas de por medio.
Coletilla: Un lector xenófobo exige que para comentar sobre la situación colombiana debo regresar a mi país. Eso es tan tonto como exigirle a quien escriba sobre Siria que viva en Damasco o a quien se refiera a las elecciones en los EEUU que resida en Houston. Al parecer, la xenofobia es una deformación de la personalidad que no solo afecta las neuronas, sino que envilece la condición humana: ridiculiza y empequeñece.
Autor: Omar Ospina - oospina@hoy.com.ec Ciudad Quito







03/Junio/2012 a las 12:19
Al menos para este pais-mito, es saludable que tengamos una vision imparcial y objetiva de la guerra civil en Colombia, por las repercusiones que se dan por la vecindad; se habla de los refugiados en forma xenofoba con los peores prejuicios, pero poco se habla de la intromision de las fuerzas de seguridad de Colombia aqui, con sus espias y sicarios actuando libremente, con evidentes complicidades; es una leccion que deben tomar en cuenta los medios privados y oficiales.