Por Carlos Jijón
carlosj@hoy.com.ec
Por alguna afición gratuita o infantil, siempre me ha gustado recordar el párrafo inicial de las novelas o cuentos que me gustan. Hoy, mientras intentaba escribir sobre la muerte de Tomás Eloy Martínez, ha venido a mi memoria la manera en la que Jorge Luis Borges empieza uno de sus cuentos más célebres: El Aleph. "La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía, noté que las carteleras de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios. El hecho me dolió porque comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita". Las páginas de Internet informan que Tomás Eloy Martínez, uno de los más importantes escritores latinoamericanos de las últimas décadas, murió en Buenos Aires la noche del domingo pasado, a los 75 años, víctima del cáncer. Su desaparición, que deja una profunda huella también en el periodismo del continente, seguramente es también uno de tantos cambios de una srie infinita dentro del vasto universo.
Seguramente recordé El Aleph porque es el tema principal de la que, a mi juicio, es la mejor novela de Tomás Eloy. Quiero advertir aquí que jamás lo vi en mi vida, ni nunca pude asistir a uno de esos seminarios de periodismo en los que daba cátedra, y que la familiaridad con que lo menciono no pretende ser más que una confianzuda muestra de admiración. Les decía que El cantor de tango ha sido para mí la mejor novela que pude leer del Maestro. Quizás la más íntima, la más deliciosa. Hace mucho, empecé la lectura de su obra con La novela de Perón y continúe después con Santa Evita, y aunque me impresioné con el relato que hizo de esos personajes enormes de la historia latinoamericana contemporánea, la verdad es que a mí me cautivó con El cantor de tango: la historia de un profesor estadounidense que viaja hasta una Buenos Aires devastada por la crisis económica en busca de un mítico cantante al que nadie ha visto hace muchos años.
Es la historia de una búsqueda. Así como en Los detectives salvajes, Roberto Bolaño nos conduce por las interioridades de la Ciudad de México, de un México profundo, en busca de la poetisa Cesárea Tinajero, acá, Tomás Eloy usa ese pretexto para llevarnos de la mano por una Buenos Aires muy particular. La de Jorge Luis Borges. Incluso por un barrio muy concreto: uno en el que supuestamente se encuentra ubicado el "aleph", un misterioso punto, "donde todos los puntos confluyen", según el cuento de Borges, y en el que un atribulado profesor estadounidense deambula afiebrado, confundido por la crisis que él no logra comprender, pero que ha lanzado a las calles a miles de argentinos, a tumbar al gobierno, a saquear los mercados, a gritar en las calles, enardecidos en contra del "corralito" mediante el cual el Régimen se ha apropiado de sus depósitos.
Demasiado familiar. Demasiado cercano para no ser entrañable. Vale la pena leerla, quizás como un último homenaje.
Hora GMT: 04/Febrero/2010 - 05:10











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04/Febrero/2010 a las 07:44
Es imposible no compartir sus juicios laudatorios, a un merítisimo intelectual como lo fue el fallecido.
Fue maestro de la novelística, del relato corto y también y muy especialmente como periodista, sobrio, sereno e independiente.
Por cierto imperfecto, lo que rescata también su humanidad, pero el un apretado inventario final una vida rescatable para la posteridad de ese panteón glorioso de grandes hombres, para desdicha de los pueblos, idos.
Paz en su tumba, Maestro Tomás Eloy Martínez.