La designación de algunos de los funcionarios más importantes del país como el procurador del Estado, así como superintendentes de Compañías, Bancos y Telecomunicaciones dependía de la remisión de las ternas del Ejecutivo al Parlamento. Se trata de organismos de control vitales al sistema democrático y a la transparencia en la administración pública. Estos funcionarios deben ser elegidos por el Congreso Nacional de las respectivas listas elaboradas y remitidas por el presidente de la República, dentro del plazo de 20 días luego de que las mencionadas funciones se encuentren vacantes. La vacancia se produjo y el Ejecutivo no remitía los famosos nombres, anunciando inicialmente que no ejercería su atribución constitucional. Sin embargo, al vencimiento del plazo mencionado rectifica una vez más y envía los ansiados postulantes al Parlamento, el mismo día en que se reúne con el ingeniero Febres Cordero en Guayaquil.
Más allá de las declaraciones de rigor en torno a la citada conversación y en función de la gobernabilidad del país, pienso que este tipo de reuniones son positivas. El hecho de que las fuerzas políticas del país acuerden en temas como la absorción de la CAE por el SRI, la final asignación de las Fuerzas Armadas en la Pro forma, la oportunidad y sapiencia de posibles reformas constitucionales, o, a lo mejor, los nombres que conformaron las ternas que el Ejecutivo envió al Parlamento, garantiza un ambiente de calma y concordia entre las funciones del Estado y las diversas fuerzas políticas, estabilizando nuestra democracia. Sin embargo, lo dicho hace evidente que el presidente Gutiérrez no quiere, ni de lejos, enfrentarse con la partidocracia atrincherada en el Congreso, después de todo la necesita en función de cumplir los condicionamientos del FMI, entre otros temas.
Nos queda claro que el irreverente y contestatario Lucio Gutiérrez se quedó en la arena electoral. La realidad fiscal de un país angustiado económicamente causó la entrega total del presidente a la política internacional dominante en esta parte del hemisferio, y, en lo nacional, parecería que el mandatario, más allá de sus ardorosos discursos contra un sistema democrático manipulado por la partidocracia, asumió su impotencia para derrotarla. Da la idea de una rendición externa e interna que está convirtiendo a este período en uno más de los tantos que hemos tenido, intrascendente, anodino, conformista y absorbido por las mismas fuerzas de siempre. Ahora bien, los reiterados errores, contradicciones y divagaciones del presidente se han obviado en beneficio de su pretendida transformación de las estructuras políticas dominantes. Si la imagen cambia y se percibe su rendición sin haber empezado a luchar siquiera, si las fuerzas sociales del país, sus adherentes, observan angustiados que sus esperanzas se vuelven a diluir, pues seguimos augurando un país en conflicto e inestable políticamente.
Hora GMT: 03/Marzo/2003 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Xavier Zavala Egas













