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Regiones

Publicado el 04/Marzo/2008 | 00:00

El tema más crítico en la redefinición del modelo de distribución territorial del poder es la determinación de un nivel intermedio entre el Estado y los municipios, entre lo nacional y lo local. Si miramos el proceso del país en los últimos años, encontramos un florecimiento de municipios y ciudades, y una decadencia simultánea de consejos provinciales y provincias. El territorio ecuatoriano se caracteriza hoy por ser una suerte de archipiélago de muchas ciudades, con procesos, identidades y perspectivas propias, pero sin ninguna instancia de articulación entre ellas y de ellas con el Estado.

El gobierno ha planteado la creación de regiones como alternativa intermedia a las provincias. Las regiones serían el resultado de una suma de provincias teniendo como criterio un conjunto de complementariedades establecidas por el Senplades. Si la propuesta de regiones llegara a concretarse, la estructura organizativa del Estado ecuatoriano daría un vuelco profundo. Si además las regiones se conciben como espacios autónomos, entonces tendríamos no solo una nueva estructura de organización territorial, sino toda una lógica inédita de funcionamiento político.
Las regiones se convertirán en espacios de competencia política, donde emergerán nuevos actores, nuevas instituciones y nuevos aparatos burocráticos, cada una con demandas propias.

La mayor crítica que se puede hacer a las regiones es que nacen de la imaginación burocrática-estatal y no desde procesos sociales e históricos de las mismas sociedades provinciales.

Si uno de los objetivos de la nueva estructura territorial es democratizar la gestión de gobierno, no es fácil admitir la idea de que sea el propio Estado, a través de su tecnocracia, el que imponga una estructura de regiones. Frente a esa visión cabe siempre preguntarse si la voluntariedad del proceso no es un principio más democrático y adecuado para definir una nueva estructura territorial. La idea de voluntariedad no quiere decir, como interpretan muchos, que cada quien escoja las competencias de acuerdo con sus gustos y preferencias, sino que el proceso se legitime desde abajo, sin ser la creación de una burocracia iluminada. El proceso español, siempre un referente importante en este tema, ha sido exitoso entre otras razones porque allí las comunidades autónomas surgieron por decisión propia, no por imposiciones constitucionales.

El otro riesgo con las regiones es que es nazcan muertas, como meros espacios administrativos, sin actores importantes que les den vida y sustento. Al no haber sujetos regionales sobre los cuales afincar la fusión de provincias, se corre el enorme riesgo de reconvertirlas en espacios meramente administrativos. El poco entusiasmo con el que se ha recibido la idea de las regiones muestra que se trata más de un artificio burocrático que de un proceso social sustentado en actores.

Pero las críticas a la idea de regiones, al menos tal como aparecen hasta ahora en la propuesta oficial, no resuelven el tema principal de la reorganización territorial: ¿cuál debe ser la instancia intermedia, articuladora, entre municipios y Estado? El rompecabezas sigue abierto.

Hora GMT: 04/Marzo/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Felipe Burbano de Lara

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