Día del refugiado
"Lo importante es visibilizar lo que ocurre con los refugiados, ayudarlos y comprender su situación en la sociedad", argumentó Juan Villalobos, Director Adjunto del Servicio Jesuita a Refugiados y Migrantes, mientras esperaba sentado en su bicicleta el inicio del recorrido en honor al Día del Refiguado que partió desde la Plaza Grande en el Centro Histórico de Quito.
Los ciclistas se transportaron hasta la Cruz del Papa, parque La Carolina, uniformados con una camiseta azul cuya leyenda era "Día del Refugiado", allí los esperaba una celebración que incluyó artistas invitados, música en vivo y aproximadamente 60 puestos comerciales entre ecuatorianos y extranjeros.
Andrea Durango, Oficial de Información del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados, aseguró que este evento, realizado el sábado 16 y domingo 17 de junio de 9:00 a 17:00, tuvo la intención de promover la unión en la sociedad y contribuir con el desarrollo de los extranjeros que migraron al país debido a diferentes circunstancias.
"Ecuador es el país con mayor número de refugiados de América Latina. El 98% son de nacionalidad colombiana y el 2% de otros países", explicó Durango.
Informó además que el 30% de refugiados viven en la capital ecuatoriana y que del 100% el 60% está ubicado en la zona urbana, mientras que el 40% forma parte de la población rural.
Carlos Marín, refugiado colombiano, logró establecer un negocio familiar de artesanías hace cuatro meses y participó en la celebración realizada en su honor. Él vive desde hace dos años en el Ecuador junto a su esposa e hijos y afirmó que a pesar de transcurrido el tiempo aún tiene "delirios de persecución".
"La situación en Colombia es difícil. Mi familia fue declarada objetivo militar por los grupos subversivos. Nosotros no estábamos de acuerdo con sus pensamientos y nos querían matar, por eso nos tocó huir, yo no regreso a ese país asi tenga que mendigar en las calles", señaló Marín.
Guillermo Franco, colombiano, también vive desde hace dos años en el norte de la capital junto a su familia. Él argumentó que la vida en su país es "extremadamente costosa" y que además la guerrila tiene atemorizada a la población.
"Mi hermana vive aqui ya 20 años y cuando empezamos a malograrnos economicamente hable con ella para que me de una mano y venir a trabajar aca, ahora mi familia y yo nos dedicamos a la venta de comida", comentó Franco. (MJR)
Ciudad Quito






