Luis I. Jácome*
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En días anteriores, el senador demócrata por el estado de Connecticut, Chris Dodd, presentó un ambicioso proyecto de reforma financiera. Chris Dodd preside el Comité de Banca, Vivienda y Asuntos Urbanos del Senado de los Estados Unidos y, como tal, promueve esta reforma con el fin de evitar que vuelva a ocurrir la brutal crisis financiera que golpeó a los Estados Unidos en los últimos 18 meses.
Entre los muchos cambios propuestos, se destacan cinco. Primero, crear una agencia de protección al consumidor en asuntos financieros a fin de evitar abusos y falta de información, por ejemplo, en relación a tarjetas de crédito y préstamos hipotecarios. Segundo, evitar que las instituciones financieras alcancen un tamaño tal que las hace "muy grandes para quebrar" (too big to fail), con lo que el Gobierno se ve obligado a sostenerlas con un alto costo para la sociedad. Tercero, prevenir crisis financieras sistémicas como la que acaba de ocurrir. Cuarto, concentrar en una sola agencia la regulación financiera en reemplazo de las cuatro existentes, eliminando así la posibilidad de que los bancos escojan aquella que más les conviene, generalmente la que menos les regula. Quinto, eliminar los vacíos legales existentes en medio de la enmarañada y desactualizada legislación financiera.
Institucionalmente, se crearía la Administración de Regulación de Instituciones Financieras como única agencia de regulación financiera y la Agencia de Estabilidad Financiera, que se concentraría en vigilar a las instituciones que conllevan un riesgo sistémico. Se fortalecería a la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC) para que continúe en su tarea de proteger a los depositantes y de realizar el cierre ordenado de las instituciones financieras en problemas, mientras que la Reserva Federal se concentraría en la política monetaria y ya no en realizar supervisión bancaria ni protección financiera al consumidor.
Esta reforma financiera es la más ambiciosa desde aquella que aprobó el Presidente Franklin D. Roosevelt, cuando se creó la FDIC a raíz de la crisis de inicios de los años treinta. Es notable que la reforma se plantea cuando la economía estadounidense aún no termina de salir de la crisis. Tan constructiva actitud contrasta con el comportamiento observado en otros países, por ejemplo, el Ecuador, en el que pasamos 10 años lamentándonos por la crisis que nos golpeó a finales de los noventa y más preocupados de politizar la discusión que de plantear soluciones para que una crisis similar no vuelva a ocurrir. En esto, hay que darle mérito al Gobierno del presidente Correa por haber aprobado la Ley de Seguridad Financiera, que permite prevenir y enfrentar de mejor manera futuras crisis bancarias. Curiosamente, la aprobación de esta ley recibió poca atención en la opinión pública, seguramente porque no daba para el escándalo, el pan de cada día de los ecuatorianos.
* Universidad de Georgetown
Hora GMT: 21/Noviembre/2009 - 05:07

21/Noviembre/2009 a las 11:30
No es porque no daba para el escándalo, si no porque su línea de conducta no es coherente, lo que hace con la mano, lo borra con el codo y no quiero seguir, pero la esencia ya está dicha. Creo que este señor Correa, ya debe irse a la casa antes que siga haciendo burrumbadas. Entendió señor Jácome. Eso es lo malo cuando se ven de las cosas solo la cáscara. Lo aparente.