Contraste evidente en el suburbio y en Samborondón
Los últimos éxitos de tecnocumbia recreaban ayer un ambiente festivo en cada esquina de la escuela Carlos Coello Icaza del suburbio oeste de Guayaquil.
Las alitas de pollo, los chuzos y la fritada se alborotaban con el calor de la brasa y formaban una cortina de humo que interrumpía el paso de los electores.
El viento mezclaba los olores e invitaba a más de uno a alimentarse antes de buscar su mesa para votar. Solo ¢50 eran suficientes para llenar el estómago con un "contundente" sánduche de chancho y un vaso de cola rebajada con agua para aumentar las ganancias.
Algunos de los sufragantes únicamente habían tomado una gorra y unos pantalones cortos. La prioridad era estar cómodos para ir a votar.
Pero el contraste está latente. Del otro lado de la ciudad, en la Universidad Espíritu Santo de Samborondón, los grandes tacos, las gafas anchas y las carteras emulaban una pasarela donde lo primordial era mantener el glamour.
Coco Chanel e Yves Saint Lauret paseaban por los pasillos impregnados en la piel de las mujeres y se relajaban con la perfección lírica del tenor italiano Andrea Bocelli, quien, a través de altoparlantes, hacía más agradable el trabajo de los vocales en las mesas que estaban cubiertas con manteles blancos.
Las manos de los electores no solo sostenían la cédula de identidad a la hora de sufragar, sino también las llaves de sus vehículos y uno que otro celular último modelo que no dejaba de sonar y vibrar.
Después de depositar el voto, fue el momento ideal para hacer vida social degustando un plato de pollo a la cerveza, libre del bullicio y del grito de vendedores y comerciantes que prefieren la calle. (LCH)
Hora GMT: 29/Septiembre/2008 - 05:09













