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Reencuentro con la gastronomía andina, al pie del cerro Imbabura

Publicado el 12/Abril/2008 | 00:00

El humo de la leña se fundía con el aroma de los granos y las jugosas carnes que se cocinaban a fuego lento, en medio de las ardientes piedras.

En el Parque de Aves Rapaces Cóndor, ubicado en las faldas del cerro Imbabura (a 4 km de Otavalo), se preparó la Pachamanca (olla de tierra), una costumbre culinaria arraigada del Altiplano andino, como un tributo al cóndor y al águila, dos ejemplares de las aves rapaces más bellas del Ecuador.

Fue un tributo que nació entre los waris e incas. Para los ancestros, la ceremonia era muy importante porque, al comer, sentían estar en contacto con las entrañas de la tierra. “Era una forma de honrar la fertilidad del suelo, de agradecer el amor de la tierra por sus habitantes”, indicó el jaccha Óscar, quien guió a un grupo de 20 personas que acudió para conocer el lugar.

El proceso fue largo, pero fascinante. A 50 metros del restaurante del lugar, se hizo un hoyo en la tierra (de 70 centímetros de diámetro y 40 centímetros de profundidad). Luego, varias piedras limpias fueron colocadas en el fondo de la fosa y fueron calentándose en una fogata durante una hora aproximadamente. De rato en rato, algunos guijarros explotaban con el calor.

Poco a poco, los ingredientes se unieron a la llamarada. Maíz fresco, habas, tubérculos, granos y legumbres, además de trozos de carne de res, oveja y pollo, previamente condimentados, fueron cocidos en el interior de una “olla natural de presión”.

La ceremonia jaccha:

El culto a las aves no podía terminar sin la ceremonia de los jacchas Óscar y Deisy. Los jacchas (gigantes) vivían en las planadas o en las orillas de los ríos, pero también poblaron algunas cuevas, al pie de los cerros.

Su dios principal era el Sol (Inti), que les daba vida, luz y calor. Ellos usaban pellejos de animales cazados como vestidos rústicos contra el frío y el calor. Sus dioses secundarios: el lucero, que les daba su luz por las noches; el puma, que se comía al dios contrario (zorrino), y el lagarto, que peleaba con la víbora.

Sus actividades eran la recolección de alimentos y la caza de animales en el día.

En el interior del restaurante, dos padres sabios celebraron la ceremonia e invocaron a los espíritus de las aves. La ceremonia duró alrededor de 40 minutos y realizaron un rito de limpieza con el humo fundido de hoja de coca y otras hierbas, para purificar el cuerpo y el alma. Asimismo, fumaron la pipa de la paz. (GCA)

Hora GMT: 12/Abril/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito

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