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Recuerdo de Adoum

Publicado el 10/Agosto/2009 | 00:10

Por Diego Araujo Sánchez


analisis@hoy.com.ec

Una de las últimas veces que tuve la oportunidad de escuchar a Jorgenrique Adoum, le pregunté por qué nunca reeditó su Poesía del siglo XX, libro que vio la luz hacia finales de los años cincuenta bajo el sello editorial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y que ahora es una rareza bibliográfica. (Recordaba yo una lejana lectura en ese ensayo crítico de estudios sobre Valery, Rilke, Claudel, Eliot, Vallejo…). Adoum me respondió que se había negado a reeditarlo porque consideraba una falla de ese libro el que, a pesar de ser sobre poesía, no hiciera consideraciones sobre el lenguaje poético. En realidad, la mira valorativa de los poetas en esos ensayos es de corte ideológico. Aludo a esta pequeña revelación para recordar el valor que concedía al lenguaje poético porque, si bien se puede recordar a Jorgenrique en múltiples facetas literarias y humanas, yo quiero recordarlo, a pocas semanas de su dolorosa partida, como uno de los grandes maestros de la palabra, con la que trabajó toda la vida y a la que dignificó en su vasta obra de creación literaria.

Adoum inicia su obra poética con Ecuador amargo (1949), al que siguen Los cuadernos de la Tierra, un ambicioso recorrido por la historia de la patria, desde el remoto pasado hasta el mundo colonial. A la interpretación histórica y la conciencia crítica, se juntan en su poesía las preocupaciones de la lírica de todos los tiempos: el amor, como búsqueda de perdurabilidad y batalla contra la soledad; la fugaz experiencia humana y la reflexión en torno a la muerte y la precariedad y trascendencia de las palabras. Cuando canta el erotismo, la fiesta de los sentidos, el poeta celebra el encuentro con el otro, la ruptura de la soledad; pero enfrenta también la ilusión de perdurar, la presencia de la muerte, el tiempo corrosivo, la búsqueda del conocimiento y la belleza… Su poesía materializa un cuidadoso trabajo del lenguaje. El talante renovador llega a lo experimental en Prepoemas en postespañol, utiliza allí insólitos adverbios y audaces neologismos, rupturas sintácticas, intentos de crear nuevos lenguajes… Pero en esa operación de desconstruir la lengua habitual, de extrañamiento, los textos permiten al lector retornar también a esas formas de ternura, encanto y pasión que son la secreta arquitectura de toda poesía. Alto momento de la poesía amorosa de Adoum es el libro El amor desenterrad y otros poemas, que incluye "Tras la pólvora, Manuela", en el que la poesía adquiere esa extraña densidad y belleza de los poemas mayores, por su extensión e intensidad, por el milagro de las palabras.

La novela de Adoum Entre Marx y una mujer desnuda, 1976, es una de las obras narrativas más importantes de los últimos años, tanto por la complejidad y riqueza temática -la crisis del escritor y la escritura, crisis del subdesarrollo del país y de su indefinida identidad, testimonio de la precariedad de la experiencia del artista y del ser humano-, cuanto por la construcción de un discurso que se examina a sí mismo en su proceso de escritura, es decir, una reflexión crítica sobre el lenguaje.

En las palabras del poeta, están la carne, la sangre, la cultura, los sueños y los días, la tradición y la ruptura, el milagro de su creación.

Hora GMT: 10/Agosto/2009 - 05:10

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