|    Pico y placa Quito:      |  

Publicado el 28/Julio/1993 | 00:00

Quito. 28.07.93. Apasionado. Con la piel de gallina ante cada humanidad. Ante cada inhumanidad. Pariendo expresiones con todo y adentros. Rabiando. Comunicándose con la gente y el mundo, pero amándola antes. Respirando de la gente, y exigiéndola también que se respire, que se sienta, que no se abandone ni abandone a los demás, que no quemeimporte al mundo... Ramiro Diez es un periodista de nuestro medio. Ha estado escondido tras artículos escritos durante siete años, y tras micrófonos de radio más de tres años y hasta hoy. Ahora, hace tres semanas, se metió en el mundo de la televisión, en el nuevo programa de Ecuavisa "Usted decide". A partir de historias de la vida cotidiana, Ramiro prende una polémica televisada, pública y en vivo, sobre las posibles soluciones de ese drama real, involucrando a cada miembro del televidente ecuatoriano con el protagonista de la historia. El programa es parte de una producción ampliada, que la cadena de televisión "El Globo" de Brasil, desarrolla en 21 países de América, y que Ecuavisa la ha acogido en el Ecuador. Ramiro Diez amarrado al corazón de la gente a través del programa radial "La Clave", producido por CEDEP (Centro de Educación Popular), ahora empieza a meterse en las casas con mucha más difusión que antes, a través de la televisión. Y parece que todos, quienes se están ahora comunicando por la imagen con él, coinciden: da ganas de conocerlo mucho más adentro... Entonces: - Bueno, ¿quién eres tú? Primero fui economista, durante seis años, pero decidí cortar el cordón umbilical con ese mundo deshumanizado de la economía, en donde lo importante son las cifras y nunca el dolor humano o los sueños: "el desempleo es del 14%", pero no se habla del hambre la miseria, la angustia; "la privatización es un proyecto económico", pero no se dice que es un proyecto suicida. Ante ese mundo horripilante de los economistas, genocidas en nuestra época, con licencia para matar, yo me opuse. Intenté entonces decir algo, y, más que eso, intentar que la gente me diga cosas, en el periodismo. Y, de 10 años hasta acá, soy periodista. Primero escribí, mi vocación primaria. Después me llamaron a la radio, que también me significa leer y escribir. Este es un trabajo más ingrato porque es efímero. Lo que se escribe se queda en el papel, lo que se habla se lo lleva el viento. La gente se queda con una idea nebulosa de lo que se ha dicho, mientras que uno durante horas a intentado pulir cada palabra, buscar el verbo justo, el adjetivo perfecto, la metáfora exacta, para lograr mayor impacto. Pero sigo escribiendo mis propias cosas. Me gusta escribir cuento y poesía, como un acto íntimo; pero tengo miedo de publicar literatura, porque yo me quedé muy atrás, no entiendo a los literatos actuales, los menosprecio y los rechazo. Es la de ahora una literatura facilista, de saltos mortales en el lenguaje, que no dice mayor cosa, son críticos, codificados, le toman el pelo al lector. Pienso lo mismo de la literatura. Yo soy un escritor dioseochesco y sé que no lo aceptarían. - ¿Y para el periodismo no eres anticuado? No. Pienso que una de las claves en el mundo periodístico es retomar algo que se ha pretendido que pase de moda, pero hay que hacerlo y más revolucionario: hablar de las emociones. Eso es lo que yo hago. Yo puedo decir cualquier cosa profunda, que, si la digo de manera aburrida, nadie me va a escuchar. Pero los cientistas sociales, los especialistas, periodistas, académicos, científicos, antropólogos, politólogos, creen que es importantísimo hablar con un metalenguaje comprensible solo para un grupo pequeño. Quien tiene las ideas claras en la cabeza lo puede expresar claramente. Y para que todo el mundo lo entienda hay que hablar con el equilibrio de la emoción y la razón. - ¿Y de qué hablar? ¿Cuáles son tus temas, tus prioridades? ¿Qué es lo que siempre vas a hablar? Y lo que nunca vas a hablar. En el micrófono, en el texto o en la pantalla. Yo me inicié como periodista ecológico. Obtuve un premio de las Naciones Unidas. Y entendí la ecología como una nueva forma, muy refrescante, de militancia política, es la única filosofía planetaria que nos puede convocar a todos. Las demás filosofías políticas son partidistas y segregacionistas. No puedo entender el discurso de un islamista, y tampoco el de un cabezarapada, así como el cabeza rapada no puede entender el discurso político de un indígena ecuatoriano. Cualquier discurso político lo que hace ahora es atomizar las posibilidades de unión, voicotear al planeta. En este momento, por primera vez en la historia de la humanidad, los seres humanos vivimos el mismo momento histórico, un desastre nuclear en Chernovil nos afecta aquí, un derrame petrolero en nuestro Oriente lastima a Alaska, cada vez que yo aplasto un spray estoy afectando al hermano que no conozco en la Patagonia. - Y al que no nace todavía... Sí, y al que no nace. - En donde actuabas con el periodimo ecológico. Esribía para periódicos y revistas norteamericanas y colombianas, solo sobre Ecología. Después vi que ese mundo se me estaba agotando, porque descubrí que entre los ecologistas había posiciones fundamentalistas, había algunos "testigos de Jeovhá ecologistas", "Ayatholas ecologistas", apocalípticos, predicaban el fin del mundo. Me molestan los radicalismos, las visiones del mundo en un solo color, aunque sea el verde. Por eso abrí un poco de distancia; sin que eso quite ningún valor al discurso ecológico, pero no quiero estar en el mismo costal que los ayatholas ecológicos. - Entonces te fuiste a otros temas ¿cuáles? Empecé a escibir sobre actualidad, economía, política, esoterismo; lo cotidiano, lo que te pasa en el bus, lo que le pasa a la señora que va a la tienda a comprar pan, la muchacha que tiene que abortar, sobre el niño abandonado, sobre la extinción del cóndor... - Tus temas son todos, tratados desde lo sencillo y lo emotivo. Hablo de esas cosas que nadie normalmente dice porque no los considera periodismo serio, pero eso conmueve a la gente, la sacude. Mi propósito con el periodismo es recordarle a la gente que nunca puede olvidar que todos tenemos la piel de gallina. - ¿Y qué con la radio y "La Clave"? Mi papel es producir el programa junto a otros compañeros. Busco el tema, los entrevistados, escribo sociodramas, ordeno la grabación y locuto. "La Clave" es un parto doloroso de cada día, y es un parto gratificante. Es un parto de 30 minutos, donde a veces termino el programa con la piel erizada, con los ojos encharcados de la rabia. La Clave es también el pararayo de la angustia de mucha gente. La Clave recibe todos los días testimonios de personas de todo el país, que cuentan cosas que no contarían nunca ni a su confesor. Piensan que escribiendo a la clave van a encontrar un alivio a sus problemas. La Clave comenzó siendo un proyecto y terminó siendo una antena con la que escuchamos al país, a la mujer, al niño de ocho años, al hombre paralítico de ochenta, al asesino. La Clave ya no es la voz sino el vínculo. - De la prensa a la radio, de la radio a la televisión, paso a paso. Ahora entras a otra etapa: la televisión. Y de ahí pienso pasar a ser el centro delantero de la selección ecuatoriana, porque Aguinaga es más famoso que yo (reímos). Ahora ya empezamos con la televisión. Agradezco a la vida hacer algo que me gusta y además me paguen, eso no siempre se da, y prefiero ganar lo que gano como periodista a ganarme 10 veces lo que ganaría como economista, perfiero ser pobre pero honrado, pobre y sentirme vivo, a ser muy rico y que todos los días me esté muriendo. - O estar muerto y no saberlo... Ahá. Cuéntame ahora de tus cosas. Me llamó la atención tu primera pregunta: "¿Quién eres tú? Empezamos por lo más evidente, soy periodista, economista y me llamo Ramiro Díaz. Pero hay una buena definición, de dos caras, que por supuesto no es mía, no sé a quien se la habré copiado: "Yo me defino como un tipo absolutamente raro, totalmente extraño, porque me creo igual que los demás". Lo contrario también es válido: Me defino como un tipo común y corriente porque me creo distinto a todos. Las dos definiciones son perfectamente ciertas. Pero más que esas definiciones que involucran juegs de palabras, me gusta definirme como un buen amigo, un buen hermano, de todos los que conozco. Y al decir a todos los que conozco no solo me refiero a tí, y a mi compañero de trabajo, sino al perrito que va por la calle o la abeja que se está ahogando en un charquito de agua. Soy capaz de detenerme y sacarla para que siga volando aunque se la coma enseguida un pájaro. Nunca nadie me ha entrevistado. Por eso quiero aprovechar para contar que me gusta coleccionar estampillas, porque mis estampillas son mi pequeño universo, donde me meto a mirar dinosaurios y flores, trenes, barcos y aviones. A preguntarme por cuantas manos pasó esta estampilla que viene de Senegal, y qué mensajes traería adentro si un beso o la noticia de la madre muerta, o algo tan vulgar como una factura comercial. Me gusta ver en las estampillas al deporte y la carrera espacial. Ver a los líderes políticos más antagónicos en una misma página. de ver todo lo que la humanidad es con sus grandezas y sus miserias. Estampillas donde aparece el genocida, el profeta y el santo. Y el dinosaurio. El universo está en las estampillas. Soy capaz de pasarme horas y horas mirandomis estampillas, y pegándolas con una devoción religiosa que me hace falta en otros campos de la vida. Me gusta el ajedrez, soy un apasionado del ajedrez. El ajedrez, como la novena sinfonía o las pirámides de Egipto, o la música de Mozart, nos deberían hacer sentir orgullosos como especie. - ¿Tanto así? ¿Qué es el ajedrez? Es la más alta expresión de la música, la geometría, la armonía, el cálculo, de todas esas cosas bellas del pensamiento humano, pero también es la máxima expresión del terror, la violencia, la guerra, pero llevadas a un tablero. Está el rito de la vida y de la muerte en el tablero de ajedrez. Si queréis hacer desgraciado a un hombre enseñadle a jugar ajedrez. Yo participé en torneos. Y años después seguía recordando la partida que había jugado, y lo seguía jugando. Si en vez de mover el alfil hubiera movido el caballo, el resultado hubiera sido diferente. - Eres muy afín a las simbologías, a los detalles, a los significados que están detrás... Sí. Me gusta escudriñar en esas cosas. Intentar ver con ojos diferentes lo cotidiano. La simbología de los trajes, las cargas que exponen las palabras, la manera como saludamos, como caminamos, nos movemos, la arquitectura como un gran lenguaje de las civilizaciones, en la grafología, lo que se enconde detrás de un rasgo, de una letra, me encanta. - Y de lo grueso, de lo grotesco, de lo que todos tenemos... De bailar, gritar, jugar, carcajear ...¿qué tienes de eso? Yo soy un animal absolutamente expansivo y tropical. Me gusta hablar alto reirme alto. me gusta putear a la gente y la puteo sin eufemismo. Le digo "eres un hijo de puta, quisiera matarte" y también le digo "eres una bella persona, sería capaz de dar cualquier cosa por tí". A diferencia de mucha gente, en mi vida cotidiana intento utilizar el lenguaje, no para ocultar lo que pienso sino para decir lo que pienso. La gente utiliza las palabras para escoder sus emociones, las emociones que se les sale en la mirada, en las manos, en su manera de caminar, las maquilla con las palabras. Muchas veces en la gente es más importante lo que calla que lo que dice. - ...O lo que dice de otras maneras. Claro. Lo que dice con sus manos, con sus ojos, con su letra, con su manera de vestirse o de sentarse. Eso es mucho más elocuente. Yo intento utilizar las palabras en su sentido más primitivo, para que puedan traaducir lo que estoy sintiendo. - ¿...En lo social también? ¿Tu actividad es una forma de sincerarte, esta vez no con una persona, sino con la sociedad? Decir "estas cosas están bien, éstas mal". Lo intento. Vivimos una sociedad absolutamente irracional. El problema de nuestra sociedad no es de economista ni de sociólogos, sino de psiquiatras. En el futuro, los antropólogos deben ser psiquiatras. Somos la sociedad del despilfarro y la miseria. Somos una sociedad esquizofrénica. Hay un gran consciente colectivo que está absolutamente putrefacto. Esta sociedad se apoya en una escala invertida de valores. Como decía la mafalda "Es muy importante ser buena persona, pero hay que ser muy cauteloso para que nadie lo descubra". Esta es una sociedad de caníbales, donde todo el mundo sabe que el funcionario X es un ladrón, inmoral y corrupto, y está ahí, y todo el mundo sabe que en cada país hay cien fernando Color de Melo, mil. Y cada sociedad lo sabe, reconoce y acepta. Y la gente no experimenta indignación sino envidia. - ¿Qué te mantiene para continuar con estos temas? ¿Hay esperanza? Me mantiene talvez una frase de Netzce que dice "Di tu palabra y haste pedazos". Eso me mantiene. Pienso que lo que nos impide actuar a cada voz y decir cosas a todos, intentar cmabiar al mundo, hacerlo más decente, más higiénico, es el terror a perecer. Y no nos damos cuenta que apenas ocupamos un pequeño instante en la historia del cosmos. Que los dinosaurios estuvieron 60 millones de años aquí, se estingieron y no pasó nada. No nos damos cuenta, para decirlo como decía un filósofo chino, que "se mueren las flores". Cada vez que recibía una mala noticia decía "se mueren las flores". Entonces qué esperar. Si una flor es algo tan armónico, bello, ¿qué esperar? De ahí en adelante puede pasar cualquier tragedia, y serpá menor que la muerte de una flor. Se mueren las flores, y nosotros con ellas, nosotros primates, que manejamos computadoras, que nos drogamos, que vamos al psiquiatra y masticamos chicle, también nos tenemos que morir. Claro que también somos capaces de construir las pirámides de Egipto o componer la novenea sifonía. entoncesl de nosotros se puede esperar cualquier cosa. Pero tal vez, frente a los genocidios, la Segunda guerra mundial, la discriminación racial, contaminación atómica, hay que recordar que existieron Beetohoven, Mozart, Bolívar. Y que Bolívar cuando murió tenía la camisa rota, y que cuando murió el doctor Reverant encontraron que la parte más gruesa de su cuerpo era el callo que tenía en la nalga. No en vano habla por radio y ahora por televisión. Su voz embelesa. Esta entrevista no es lo mismo escuchada que leída. (sensación de querer charlar sobre cada tema que topaba, polemizar, pero tenía que explorar su ser) "maternidad es un milagro" (voz melodiosa, acariciadora, risa linda. Escribió para Madrid. En Ecuador no ha publicado, solo artículos aislados. Trabaja en la radio. El año anterior ganó el Concurso Latinoamericano de Radio y Premio Nacional de Periodismo. Estudió Economía en Colombia y en Londres, después Periodismo. nunca más nada de Economía, tiene rencor de los economistas. Sigo siendo un analista económico, pero también es un acto íntimo. Pertenezco a un grupo cultural que se dedica únicamente a hacer análisis económico del país. En lo escrito estuve unos siete años, y hace unos tres años en la radio. en el CEDEP, programa "La Clave". serfies especiales de radio sobre levantamientos indígenas, deuda externa vida de Simón Bolívar.

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    Siempre he admirado la forma de hacer radio de Ramiro Diez. Es un hombre muy versado y escucharlo es un verdadero deleite. En verdad, no recuerdo algún otro locutor que vivifique mejor las escenas en nuestros cerebros a la hora de leer algún extracto literario. Quisiera saber en qué radio está trabajando actualmente y si ésta tiene frecuencia en Guayaquil, ya que yo vivo en esta ciudad. Gracias.

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