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Raíces y hojas se encuentran

Publicado el 15/Enero/2009 | 00:06

Por César Ricaurte

Siguen cayendo bombas sobre Gaza. Siguen muriendo niños. Son casi 300. Se combate cuerpo a cuerpo. Pero hoy no quiero hablar de Gaza, lamentablemente. Israel y Hamás desoyen los pedidos de alto el fuego y la masacre es más terrible que nunca, pero informativamente, el tema va decayendo lentamente. Pero hoy no quiero conversar de Gaza, esto fue solo un pretexto.

Cuando se piensa en la guerra, cualquier persona sensible piensa en la terrible tragedia humanitaria que implica. Se piensa en los niños, fundamentalmente. En las cientos de vidas truncadas. En esas posibilidades que nunca serán. El músico, el artista, el obrero, el hombre de familia, el político, el líder...

Todo lo que esos niños no podrán ser. Por eso es paradójico, que los grupos "pro vida" combatan con tanto ardor y a veces virulencia al aborto, pero no hagan ninguna condena explícita de la guerra.

Es más: los ideólogos principales del movimiento han dicho claramente que la guerra es un derecho de los Estados, pero el aborto no es un derecho de las personas.

La muerte de un niño impacta y duele. Pero, ¿qué pasa con los ancianos? Sí, los deudos expresan dolor, pero su muerte suele ser silenciosa, como algo que se da por descontado y a veces es quizá la salida más dulce frente a una prolongación sin sentido de enfermedades y males sin remedio.

En último término, el consuelo es que el anciano se han ido prolongando en troncos, ramas, hojas y frutos. La existencia es así. Por ello, quizá la pregunta más pertinente que uno se pueda hacer es, ¿qué de los abuelos vive en cada uno de nosotros? Y aún, ¿qué sobrevive en los hijos?

Pensaba todo esto, mientras veía a mi hijo Gabriel correr alrededor de la tumba de mi abuela y luego llorar al enterarse lo que significa la muerte.

"Lo importante es que la abuelita de alguna forma está en ti", le dije, casi automáticamente. Pero a veces la palabras impactan incluso en quién las pronuncia. Me vi a mí mismo y me pregunté ¿qué de ella sobrevive en mí? Y al hacerlo la volví a ver a ella. Si algo la podría definir es que fue una mujer como muchas de su época, que nunca logró compaginar con su tiempo.

Las cosas cambiaron muy rápidamente para ella y por eso el mundo nunca fue un lugar confortable o acogedor dónde pudiera sentirse a gusto. Aún así, ella reía y reía mucho y peleaba diariamente, por vivir lo que pensaba debía ser para ella.

Pero la pregunta permanece sin contestar, ¿qué de ella está en mi? Y al hacerlo, cuestiona las pocas certezas que había ido tejiendo en los últimos años... Por eso, mientras las bombas siguen masacrando gente en Gaza, debo seguir recogiendo pedazos, acá en este Quito invernal.

cricaurte@hoy.com.ec

Hora GMT: 15/Enero/2009 - 05:06

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