Por Juan Montaño Escobar
axe858@hoy.com.ec
" Aquí vamos de nuevo", fue el pensamiento de este jazzman cuando Ecuavisa dio la información sobre el brutal apaleamiento de unos jóvenes afroecuatorianos de Carcelén Bajo, Quito. "Volvió el ogro uniformado del racismo". Es una percepción, hija legítima de ver y oír actuaciones de policías y militares, desde la tropa hasta la oficialidad. En una pesquisa de rutina, en algún lugar de la República del Ecuador, el comportamiento de confianzudos siempre es con los afros, mujeres u hombres. A chapas y milicos, uno suele encontrárselos en mostradores ministeriales, oficinas VIP públicas o ciudadelas exclusivas. Si está pasado de melanina ya puede prepararse para un escrutinio hostil.
La última vez que me ocurrió fue en el Ministerio del Ambiente (Quito), en octubre del año pasado. Hice la del Tío Tom y me senté en el edificio de enfrente a leer la edición de HOY de ese día hasta que el policía confirmara que no estaba a nivel de sus prejuicios. Me resbalaron sus falsas explicaciones.
Aplaudo a los afroecuatorianos que se escudan en su sagrado derecho constitucional para no comportarse como Tíos Tom idiotas y le ponen rostro valiente al racismo uniformado. Que esta jam-session no oculte su identidad cimarrona.
Señalemos con un millón de índices acusadores (más o menos somos el 8 ó 10 % de la población ecuatoriana) a Gustavo Larrea, Fernando Bustamante y Javier Ponce que se pasan por allá el discurso constitucional de la diversidad cultural, los derechos colectivos, bla, bla, bla. Y de yapa a Raúl Vallejo. Al tropezarse con estos temas constitucionales, ¿sabe qué ministros "revolucionarios"? ¡Cállense!
El sábado 10 de enero, a las 10 y 30 de la mañana, David Suárez Chalá, hijo de una respetable cantora de salves, doña María Chalá, comentó en voz alta a unos amigos: "Esa es la camioneta en que se llevaron presos a los muchachos". Fue un "error".
Frenazo, saltos de cinematográficos, ruidos de botas, órdenes de ponerse de cara a la pared, requisa, aquel que protestó el abuso dio con su humanidad en el pavimento y el clásico pisoteo de la cabeza. Ah, olvidaba el torrente de insultos de racismo antinegro. Con la cara cubierta fueron trasladados hasta la vía perimetral y como, en otros tiempos malos, fueron azotados hasta lacerarles la carne. Hay fotos, con el agregado de "advertencia: son imágenes fuertes y no se recomienda que las vean menores de edad".
¿Y ustedes qué quieren? Militares y policías ecuatorianos beben la mala leche de racismo en sus inmutables programas de educación.
Los jóvenes afros fueron abandonados desnudos y aporreados en el fondo de la quebrada. No les hicieron parte "negro" (ojo con el color) ni los encarcelaron. ¿Para qué? La hazaña racista se había cumplido con bastante diligencia. Felicitaciones a Gustavo, Fernando, Javier y Raúl; por Dios, no se esfuercen en aplicar políticas antirracistas.
Hora GMT: 07/Febrero/2009 - 05:10
