Por Jaime Izurieta Varea
Cuenta una leyenda hindú que un grupo de hombres ciegos fue a conocer al elefante. No podían, en su condición, verlo completamente y al darse de bruces contra el cuerpo del animal, el primero aseguró que el elefante era igual a una pared. El siguiente chocó contra la pata, y destacó la gran semejanza con un árbol. El tercero tocó el colmillo y se convenció de que el elefante era igual a una lanza. El que tuvo contacto con la cola pensó que era como una soga. El quinto, al tocar la oreja, dijo que el elefante era como una manta, y al último, que tocó la trompa, le pareció que era como una serpiente.
Nunca se pusieron de acuerdo. Cada uno, ciego y habiendo conocido una limitada parte del animal, aseguraba, con testarudez y una dosis de ego, que el elefante era lo que él había percibido.
Tal como los ciegos, arquitectos, ingenieros de transporte, planificadores y políticos dan forma a la ciudad con visión limitada. Ninguno la construye según se la siente, según se la vive y según va creciendo, orgánica, compleja y compuesta por millones de decisiones que casi 2 millones de quiteños toman a diario.
Cada uno tira hacia su esquina y la culpa del caos se lanzan, con arte y técnica impecables, los unos a los otros. Pero, ¿habrá quien nos despierte del letargo? ¿Existirá un niño que, como en el cuento de Hans Christian Andersen, señale la desnudez del emperador?
Nuestra "modernidad Xerox" trasplanta sin fundamento las formas del primer mundo y copia sus vicios. En ese sentido, es notoria la ausencia en nuestras discusiones sobre la ciudad y su crecimiento, de las lecciones aprendidas de tres autores cuya forma de ver el problema urbano bien valdría ser explorada. Sus diversos enfoques constituyen una alerta que nos previene del camino que nuestras ciudades están tomando. Y podrían mostrarnos nuestra desnudez.
Christopher Alexander, el "antiarquitecto"; Jane Jacobs, la "antiplanificadora", y James Kunstler, el crítico mordaz. Todos, en su tiempo, han pregonado la pérdida de la noción y el objetivo de la profesión arquitectónica, la pérdida de valores y de los conceptos que hacían de la ciudad un espacio vivible; y la degeneración de la vida urbana, en sus aspectos social, económico, arquitectónico y ambiental.
Los tres autores, a lo largo de sus obras y a pesar de su contexto angloamericano, nos dan una visión real, con fundamento histórico, del "deber ser" urbano y construyen una sólida base de conocimiento de la ciudad que está por encima de taras gremiales, cálculos políticos y limitaciones culturales.
Llega un momento, en medio de la saturación de los problemas urbanos, del colapso de infraestructura y servicios, del inmediatismo inservible y de la desidia e inoperancia de nuestras instituciones, en que la discusión debe elevarse, expandir horizontes e incluir propuestas integrales, audaces y genuinamente progresistas vengan de donde vengan a riesgo de convertirnos en ciegos y perpetuar los vicios de un urbanismo colapsado.
analisis@hoy.com.ec
Hora GMT: 11/Noviembre/2008 - 05:05

11/Noviembre/2008 a las 09:47
Eso me recuerda que la carretera que debe unir a Quito con el actual aeropuerto no fue planificada junto con el nuevo aeropuerto dando una solución integral a este tema, a propósito como ira esta carretera?
11/Noviembre/2008 a las 10:12
LAS IDEAS,LA CREATIVIDAD Y LA IMGINACIÓN, TARDE O TEMPRANO TERMINA POR ACABARSE, ES POR ESTO QUE HAY QUE DECIR AL ACTUAL ALCALDE, MUCHAS GRACIAS, HASTA AQUI NOMÁS. LA ALTERNABILIDAD SIEMPE SERÁ SALUDABLE EN ORGANZACIONES PÚBLICAS Y PRIVADAS, MÁS AÚN CUANDO SE TRATA DEL DESARROLLO DE LA COMUNIDAD.