La ciudad está pegada al sitio con una potencia inusitada y telúrica, lo cual produce los imaginarios vinculados a la geografía
Fernando Carrión M.
fcarrion@hoy.com.ec
La ciudad no puede entenderse por fuera de las condiciones de su implantación geográfica; no solo porque las ciudades nacieron en los ríos, en el cruce de caminos o en los lugares estratégicos donde podían aprovechar las cualidades de la naturaleza, sino porque el sitio marca el "espíritu de la ciudad". En ese contexto, nace el peso relativo de la fuerza natural sobre la artificial, permitiendo construir los imaginarios urbanos fundacionales vinculados a la geografía. Obviamente, al principio de la historia urbana, el peso de las condiciones de localización es mayor, aunque después se produzca una separación relativa. Quito está pegada al sitio con una potencia inusitada y telúrica, lo cual produce los imaginarios fundacionales vinculados a la geografía; desde, por un lado, la construcción de la ciudad del equilibrio: está en la mitad del tiempo (sol) y en la mitad del espacio (geografía) y, por otro, es la ciudad de la incertidumbre y el horizonte nacida del volcán. La ubicación en la mitad del mundo otorga la condición de ciudad en la mitad del tiempo, gracias a que los rayos solares caen perpendiculares. Quito se organiza desde siempre bajo esta luminosidad, la arquitectura no puede negarla a la hora de diseñar la puerta y la ventana, y la imagen de "postal" se construye por la hora en que se toman las fotografías urbanas: al principio de la mañana, cuando el sol produce sombra pero, por ser tan temprano, la población está ausente. Las fotografías del centro histórico que se difunden mundialmente -por la condición de Patrimonio de la Humanidad- están vaciadas de sociedad, porque la luz y la sombra producen este imaginario de ausencia. Quito está ubicado desde siempre en la "mitad del mundo", tan así que los señoríos de Quito y los incas ya la concibieron y construyeron alrededor del sol (mitad del tiempo). Sin embargo, "recién" en 1736, esta realidad imaginada se confirma con la Misión Geodésica Francesa que llega con la finalidad de: medir el arco del meridiano terrestre, definir el sistema métrico para la humanidad y ubicar científicamente el lugar equinoccial de Quito. Este hecho de carácter científico, este imaginario, le otorga el nombre ecuatorial al país, con lo cual el Ecuador nace por una denominación surgida del cruce -por el territorio patrio- de una línea imaginaria. Es tan fuerte el sentido de la geografía en el país que el Ecuador termina siendo una referencia geográfica -no histórica- nacida de la "equinoccialidad que conduce a la ecuatorianidad". Es decir, un imaginario geográfico que funda un país. Esta condición de ciudad en la mitad del mundo construye un imaginario de centralidad que, con el paso del tiempo, se pierde. Los quiteños/as se consideran el ombligo del mundo, a pesar de que el desarrollo económico y político haya modificado esta centralidad y haya desplazado el centro geográfico a la periferia económica.
El tercer imaginario surge de la localización entre volcanes activos y pasivos, en donde sobresale la presencia del Pichincha que, inicialmente, fue concebido como parte de la lógica defensiva y, posteriormente, por su cambio de funcionalidad, marca la identidad de la población, la forma longitudinal de la estructura urbana, el sentido que impone como horizonte y la creación permanente de la incertidumbre. Se lo pinta, canta, escribe y apropia. Es el ícono identitario más importante de Quito.
Hora GMT: 21/Noviembre/2009 - 05:09
