Por José Samaniego Ponce
Quince años en la vida de una persona es un tiempo relativamente importante, pues constituye una quinta parte de la vida de un ser humano promedio. En la vida de un país, en la evolución de una economía, es un período relativamente corto en términos relativos, pero que puede ser muy relevante, intenso, si se producen eventos que signifiquen cambios estructurales en la economía, la sociedad o la política. Este es el caso del Ecuador desde 2004.
La edición de aniversario de los 15 años de la revista Gestión, con un excelente formato e impecable calidad de impresión, invitan al lector a realizar una evaluación objetiva, desapasionada y profunda de los últimos 15 años en la economía, la política y la sociedad ecuatoriana, por la riqueza, abundancia y calidad de la información. Hay muchísimo que analizar, pero vale la pena destacar los hechos más relevantes.
Lo bueno, la estabilización de la economía que, a través de la dolarización, pulverizó la inflación de más del 60% en 1999 a menos del 5% promedio en los últimos tres años; el crecimiento del Producto Bruto por encima de su tendencia de largo plazo; la estabilización de la cuentas fiscales; la integración al mercado internacional, y el fortalecimiento del sistema financiero después de la profunda crisis que se desató en 1999. Muy bueno, también, el evidente mejoramiento de los indicadores sociales: el índice de pobreza en el sector urbano se recuperó sostenidamente; el analfabetismo se redujo del 10,4 al 7,2% de la población; el consumo de electricidad por habitante se cuadruplicó; la esperanza de vida al nacer subió de 70 a 72 años; aumentaron los años promedio de escolaridad de la niñez; el salario mínimo vital más que se duplicó y el número de establecimientos de educación primaria y secundaria creció en más del 40%.
También destacables las importantes obras de infraestructura que se iniciaron (y muchas se terminaron) en estos quince años. Solo para citar algunas: el OCP; el Proyecto Hidroeléctrico Mazar, el nuevo aeropuerto de Quito y la remodelación del de Guayaquil; el proyecto Carrizal Chone; el proyecto hidroeléctrico San Francisco, la Troncal Amazónica, el Malecón 2000; la repavimentación y ampliación de la red vial, entre otros.
En lo internacional, por largo, el hecho más relevante ha sido la firma de la paz con el vecino país del Perú.
Lo feo, que la estructura productiva del Ecuador no se ha diversificado y sigue dependiendo en gran medida de la explotación hidrocarburífera; el casi nulo aumento de la productividad y la competitividad de la industria; el persistente problema de desempleo y subempleo, el aumento de la migración de ecuatorianos al exterior y la limitada inversión extranjera que se concentra en sectores muy definidos de la economía nacional.
Lo malo: la desastrosa inestabilidad política, el continuo rompimiento de la ley y el incumplimiento de los contratos; la inestabilidad jurídica; la corrupción; las profundas debilidades de la institucionalidad en el país; la pésima calidad de la educación pública; el deterioro del medio ambiente y el aumento de la burocracia.
En fin, 15 años que dejan muchos logros, algunas decepciones y problemas gruesos que, lejos de superarse, se han profundizado.
samaniego@hoy.com.ec
Hora GMT: 01/Julio/2009 - 05:13
