Solo el iluminado y loco Velasco Ibarra pudo haber escrito esta bella definición de la amistad: "el más noble de los amores y el más trágico de los dolores", a la que caracteriza como "pulimento de dos almas que libremente simpatizan; solidaridad espontánea de dos energías que se afanan por la misma cumbre; apoyo consentido entre dos temores, envueltos por la misma niebla; aliento de dos pulmones fatigados por el mismo anhelo". La amistad, una vez rota "porque el amigo se cansa del amigo" y ya no lo entiende, se transforma en el "más trágico de los dolores". Alberto Acosta, sobrino de Velasco, lo cita en su blog, a los pocos días de la ruptura producida con el presidente Correa.
Acosta sintió que el tiempo jugaba en su contra, y por eso iba por una extensión de los plazos para poder discutir y aprobar la nueva Constitución. Él, que ha sido hasta hace poco uno de los pocos contradictores e interlocutores de Correa, al discrepar abiertamente con ciertos mandatos ordenados por éste y al oponerse a la idea de aprobar una reelección inmediata, fue simultáneamente el máximo representante de AP en el complejo espacio de Montecristi, en cuyos recintos ya hemos podido ver que no habitan necesariamente ángeles. Si el presidente Correa y su grupo político más cercano tuvieran un espíritu democrático e inteligente, no se cansarían de lamentar el descabezamiento del líder de la ANC ni aun siquiera al considerar, maquiavélicamente, que el fin justifica los medios y que nadie es irremplazable. ¿Nadie? El presidente Correa se ha aferrado con verdadera pasión, y defiende a personajes ampliamente cuestionados.
"¿Queréis revolución? Hacedla primero dentro de vuestras almas", decía Velasco. Pero la revolución ciudadana de nuestros días pasa por reformar la Constitución, y ya se ha visto que hacerlo ha obligado a los asambleístas a meter las manos en asuntos demasiado diversos, desde el sentido del laicismo hasta las formas de justicia y propiedad o el carácter de las instituciones bancarias, el aborto, los "derechos reproductivos", los símbolos patrios, Dios.
No dudo que en la mayoría de quienes conforman la ANC haya buena voluntad y confianza en el trabajo que hacen, pero tal vez las verdaderas decisiones políticas y económicas estén en otras manos: las del presidente y su buró político. El desprestigio de Acosta, de vieja data: "pelucón que no ejerce, ingenuo, confiado, demasiado democrático", y de la ANC en su conjunto, ha salido del propio presidente de la nación, cuyo mejor producto para vender fue, paradójicamente, la ANC. Si estamos frente a una aplanadora, a punto de ser triturados, no es la de la revolución, ni siquiera la de las almas. Pero incluso si así fuera, tenemos que defender la potestad de la voz propia, la lealtad humana y la discrepancia como derechos irrenunciables.
Hora GMT: 01/Julio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Cecilia Velasco
