Por Cecilia Velasco
Entre nosotros, las cosas más simples y obvias, de derecho casi natural, tienen que ser escamoteadas y, si llegan, su conquista puede tomar años de luchas que desgastan y hasta desprestigian a sus defensores. Así ha ocurrido con el tema del carné estudiantil, que ha dado origen a protestas de jóvenes estudiantes durante este mes de octubre (27 estudiantes fueron detenidos en Quito) sobre cuyas cabezas pesa la amenaza de expulsión, sostenida por un duro discurso oficial, al que, por suerte, los propios rectores se han negado, invocando el que alumnos no pueden ser expulsados, porque se estaría atentando contra elementales derechos.
Según una nota de HOY, en 2003, durante la Presidencia de Lucio Gutiérrez, se aprobó el carné estudiantil, propuesto por la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador. Roberto Passailaigue, entonces ministro de Educación, inició el proceso y ofreció otros beneficios (descuento en tiendas y eventos públicos). El objetivo era distribuir cerca de 1,5 millones de carnés para primaria y secundaria, pero los problemas para recopilar datos y los retrasos en la elaboración, a cargo del Instituto Geográfico Militar, interrumpieron el proyecto. En marzo de 2006, en el Régimen de Alfredo Palacio, el aún secretario de Educación, Raúl Vallejo, entregó 700 mil carnés para el régimen escolar Sierra. Lo que parecía una reconciliación entre estudiantes y autoridades terminó en otra "trifulca" cuando Vallejo fue a entregar las credenciales, en el colegio Juan Montalvo, de Quito. Su discurso alteró a los alumnos, quienes encerraron por unos minutos a las dignidades educativas en el Rectorado del plantel. Desde entonces, dos años han transcurrido y el problema revive.
No se ha entregado credenciales a todos los estudiantes, ni capitalinos ni del resto del país ni existe una práctica real de protección social a los derechos de nuestros jóvenes. Ya se sabe que, incluso uniformados, nuestros niños, niñas y jóvenes son humillados cuando hacen uso de un pésimo servicio de transporte público, que subsiste a pesar de las mejoras. Les preocupa, además el que los pasajes se eleven, y que no se haya garantizado, en la vida real, precios preferenciales en distintos rubros. Muchísimos, la mayoría, provienen de familias modestas o pobres, y no son, en mucho, sujetos de derechos. En sus propias escuelas, enfrentan prácticas educativas en las que el autoritarismo y la violencia física o psicológica no ha sido desterrada.
Cuando veíamos a través del cable las masivas marchas de estudiantes chilenos reclamando por sus derechos, expresábamos nuestra admiración y solidaridad, y el repudio frente al Gobierno "conservador" de la Bachelet. Ahora, cuando son nuestros jóvenes quienes protestan, con lo que tienen a mano, los juzgamos de vándalos y queremos echarlos fuera de sus aulas.
cevelasco@hoy.com.ec
Hora GMT: 04/Noviembre/2008 - 05:10
