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'Que las hay..., las hay'

Publicado el 01/Noviembre/2009 | 00:11

Por Pepe Laso R.


joselaso@hoy.com.ec

Alrededor del fogón, nos sentábamos, pegados unos con otros para espantar el miedo y, casi todas las noches, le oíamos contar los mismos cuentos de brujas y aparecidos , de muertos y calaveras, de espantos y de perros o gatos que, generalmente, eran el diablo y, cuando íbamos a acostarnos, el ángel de la guarda barría todos los fantasmas hasta la noche siguiente, en que volvíamos a que el viejo Salomón nos volviera a hacer temblar, con pocas variantes de los mismos cuentos. Nuestra imaginación estaba bastante despoblada, de tal manera que, cuando ya nos hicieron leer a los de mi generación, después del grado de bachiller, un juramento por el que defenderíamos "las luces", es decir, la racionalidad de la modernidad, seguimos siendo medio piadosos, combinando la ciencia que supuestamente nos haría libres con alguna que otra bruja que brotaba de esa dimensión mágico-misteriosa de la existencia que a los latinoamericanos difícilmente se nos puede borrar. Max Weber, el gran sociólogo, habló de que el precio que Oc

cidente tuvo que pagar por la racionalización fue el desencantamiento del mundo. Así, habitaríamos un mundo menos azaroso, supuestamente más previsible, manejable pero fríamente indiferente e insípido, desligado de lo sagrado. Este fenómeno es el proceso de secularización que influyó tanto en nuestras visiones de un desarrollo que se planteó como una sumatoria de despojos, sobre todo de la cultura propia, que era vista como el gran impedimento para llegar a ser esa otra cosa que nos hicieron soñar.

Sensible, estos días, a los aquelarres, más que volver a leer el libro de Caro Baroja sobre Las brujas y su mundo, he puesto en Internet la frase "Yo no creo en brujas, pero que las hay, las hay" y me he encontrado dos millones setecientas mil entradas, lo que me ha hecho pensar que, como se ha escrito, vivimos un proceso de reencantamiento del mundo. Y cómo los imaginarios de los niños están poblados de cientos de brujas, dragones, duendes, hadas, vampiros, ángeles, etc., que contrastan con la pobreza de los fantasmas de los cuentos de Salomón que poblaron los miedos de nuestras infancias. Es que, de alguna manera, a pesar de las ambigüedades mercantiles, los medios de comunicación pasan formas de reencantar el mundo, de devolver magia a la experiencia cotidiana y, de alguna manera, desenterrar la profundidad de la condensación de la historia humana que tienen los cuentos de hadas.

El gran boom de nuestra literatura pasó por el realismo mágico, y Harry Potter sigue volando por el mundo, lastimosamente al mismo tiempo que las más sofisticadas máquinas de guerra que matan la inocencia de las gentes.

A la hora de legislar sobre los medios de comunicación, es bueno pensar que demasiadas brujas, que eran madres portadoras de la cultura, fueron y son conducidas a las hogueras de los nuevos inquisidores que todavía creen en los dioses fríos de la razón moderna. Es tan saludable decirse: "Yo no creo en brujas, pero que las hay…, las hay…".

Hora GMT: 01/Noviembre/2009 - 05:11

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