Gazapos y tropezones


Manuel Corrales

De la Academia de la Lengua

Un joven  extranjero vino al Ecuador con el propósito de aprender nuestra lengua. De ingenio muy despierto, en pocas semanas hizo llamativos progresos: adquirió y consolidó importantes habilidades lingüísticas en la pronunciación, en la gramática y en el vocabulario.

Es de notar que dicho joven tenía muy buen dominio de su lengua materna, y excelentes conocimientos gramaticales.          Un día, al regreso de su clase de español me contó que la profesora le había propuesto la frase ?algún estudiante ha venido?.

Y le preguntó a qué parte de la oración pertenecía la palabra ALGÚN. El joven de mi historia le respondió que ALGÚN era adjetivo. La profesora le corrigió: ?No, no es adjetivo, es adverbio?.  Tamaña barbaridad gramatical sorprendió a nuestro joven, quien me contó el suceso con una sonrisa mitad maliciosa, mitad socarrona.

A este propósito me asaltan algunas preocupaciones. Una de ellas es esta: ¿Qué preparación lingüística tienen no pocos de nuestros profesores de español para extranjeros? Otra: ¿Qué imagen proyectan tales profesores a los extranjeros que nos visitan? Una tercera: ¿Qué control de calidad hay sobre ciertas ?escuelas de idiomas? de las muchas que proliferan en nuestro medio?

De aquí, el paso lógico a preguntarse por la calidad de la enseñanza de lengua en nuestro sistema educativo no es difícil.

Si un maestro no tiene bien consolidados los conocimientos lingüísticos de su propia lengua, ¿con qué seguridad acompañará a sus pupilos en el uso correcto y fluido de ella?

Y esa falta de seguridad, ese no saber con certeza ?por ejemplo? a qué categoría gramatical pertenece una palabra, se transmite a los aprendices. Y la lengua es creadora y vehículo de cultura. ¿Qué identidad cultural podrán ostentar tales aprendices?

mcorrales@puce.edu.ec