He escuchado un par de veces a las señoras de "Pro vida" en debates sobre el aborto y la homosexualidad. Una de las cosas que me sorprenden es la autosuficiencia y el principio de autoridad con que hablan, y su capacidad de erigirse como jueces de sus congéneres. Como les reprochaba una feminista, se muestran crueles con relación a las mujeres que, en un momento dado, optan por una interrupción de un embarazo no deseado, al considerarlas moralmente inferiores, inmaduras, discapacitadas emocionales y mentales, asesinas.
A menos que el aborto sea concebido como un método anticonceptivo, lo que sería inhumano y terrible, las mujeres que eventualmente han debido y querido someterse a él se lo han pensado muy bien, y no son criminales. Lo terrible es que, en la mayoría de casos, dado que el Estado no contempla esta posibilidad, hayan debido poner en riesgo su integridad física, porque de la emocional tienen que nadie puede ponerse en su lugar hacerse cargo por sí mismas. Tal vez si viviéramos en otro sistema, esa carga psicológica se haría más liviana.
El aborto es una medida de excepción. Si hay países en que se aplica indiscriminadamente, las organizaciones feministas deberían oponérsele, porque vulnera el equilibrio físico y emocional de las mujeres. Así como sería abusivo forzar a embarazarse a quien no desea tener descendencia, sería cruel, inmoral e ilegal obligar a abortar a una mujer, que debe actuar guiada por la libertad y la responsabilidad compartida con su pareja.
Por eso, es obvio que la Constitución contemple que el Estado debe proteger la vida desde la concepción, tal como se dice en el actual texto. Simultáneamente, es importante la despenalización del aborto y la garantía del acceso a métodos anticonceptivos, sin los cuales la humanidad sería irresponsable.
Hay misterios en torno a la vida y la sexualidad. Uno de ellos es la orientación sexual de las personas. Si dan ganas de entrar de puntillas, como a zona sagrada, a la intimidad de una mujer embarazada, ¿qué sentir frente a las inclinaciones sexuales espontáneas de la gente, sino profundo respeto y admiración?
La homosexualidad, prueba inmemorial de la diversidad humana, hace que unos amen a sus iguales, sin que frenen esa inclinación natural ni los discursos ni las prácticas autoritarias y discriminatorias, que solo causan dolor. Las asociaciones que en torno a gays y lesbianas han surgido piden, en el contexto de una sociedad que vulnera a diario los derechos de la mayoría, que los suyos sean respetados, siendo como son, seres humanos dignos.
Si la gente de "Pro vida" tiene, como dicen, un espíritu cristiano, no se nota. Sus palabras exhiben lo contrario de la compasión y el humanismo. Para ellos, contrariando el arte y la ciencia, no hay misterios ante los cuales inclinarse ni libertad, sino certezas cargadas de arrogancia y leyes crueles.
Hora GMT: 05/Agosto/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Cecilia Velasco
