Por Carlos Jijón
Los asambleístas del Gobierno captaron la totalidad de las dignidades de la Comisión Legislativa y de Fiscalización en una sesión, curiosamente, no exenta de tensiones. La verdad, no pude entender el porqué de esos momentos de desconcierto cuando Aminta Buenaño se negaba a ocupar la segunda Vicepresidencia del congresillo, y cómo la terminó aceptando, ante el peligro de que esta sea ocupada por alguno de los asambleístas de la oposición. ¿Cuál era el problema de que la oposición capte, por lo menos, una segunda Vicepresidencia de un congresillo que no va a durar ni seis meses? En la anterior Constitución, a la que se vilipendió por "antidemocrática", se establecía que la primera Vicepresidencia del Congreso debía elegirse de entre los diputados de la segunda fuerza electoral, y que la segunda Vicepresidencia correspondía a los diputados de las minorías. Recuerdo a Nina Pacari, en la posesión de la primera Legislatura de esa Constitución, posesionándose como segunda vicepresidenta en representación de unas minorías que tuvieron acceso a esas dignidades republicanas. Bueno, eso ya no existe. Primero, porque la nueva Constitución, aprobada en referendo por la mayoría, no lo establece. Y segundo, por la decisión política inquebrantable, expresada los primeros días de esta semana, de captarlo todo.
Pero peor fue lo que ocurrió la madrugada del sábado, cuando la restablecida Asamblea Constituyente aprobó, mediante un "mandato", un Estatuto de la Comisión Legislativa que deroga la antigua Ley Orgánica de la Función Legislativa, esto es, el instrumento legal mediante el cual se norma cómo deben dictarse las leyes. Cualquier abogado sabe que una ley solo puede ser derogada por otra ley, y nunca por un instrumento legal de menor jerarquía. Y cualquier estudiante de Derecho aprende en los primeros cursos que las leyes necesitan ser discutidas en dos debates y luego ser aprobadas o vetadas por el presidente de la República. En consecuencia, ese "mandato" que se aprobó la madrugada del sábado 25 de octubre (detesto el lugar común "entre gallos y medianoche"), en una sola y apurada discusión, no puede tener fuerza de ley, porque no ha sido aprobada como tal. De lo que se desprende, que tampoco podían de esa manera derogar ley alguna.
Pero lo hicieron.
En la televisión escuché a una joven asambleísta del Gobierno, Alexandra Ocles (proveniente de un grupo de jóvenes que durante años clamaron públicamente por cómo sus mayores violaban la ley y los procedimientos), explicar que de esa manera iban a poder dictar con agilidad la gran cantidad de leyes que debían expedir en un tiempo récord. Y me maravilló percibir en ella la misma seguridad que antes advertía en Cynthia Viteri, o en Pascual del Cioppo, cuando justificaban las decisiones de sus líderes. Y eso que recién empiezan.
carlosj@hoy.com.ec
Hora GMT: 30/Octubre/2008 - 05:06

30/Octubre/2008 a las 13:06
En resumen, la practica de los mismos vicios de la partidocracia justificados por el tan trillado cambio. La doctrina maquiavelica de Alianza Pais lo permite todo: tronchas, alcahueteria, culto, sinverguenzeria. Aberrantes formas de hacer politica que los jovenes adultos han aprendido muy bien. Me atrevo a decir que incluso han superado a sus mentores, pues ahora lo hacen sin el mayor desparpajo, con una seguridad que sorprende, confiados que cuentan con el apoyo popular y envalentonados por la tacita aprobacion del despota gobernante.
30/Octubre/2008 a las 17:22
EL SEÑOR ARTICULISTA SIGUE CON SU PENSAMIENTO AÑORANDO CÓMO ERAN LAS COSAS DEL PASADO. SEÑOR, TIENE QUE CONVENCERSE QUE TODAS LAS TRIQUIÑUELAS DE LOS POLITICOS ENTERRADOS, YA NO EXISTIRÁN JAMÁS. ESTAMOS CAMBIANDO, NO TODO SERÁ PERFECTO, PERO SIEMPRE SERÁ MEJOR.