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Prefiguración de Lalo Cura

Publicado el 31/Diciembre/2009 | 00:08

Por Carlos Jijón
carlosj@hoy.com.ec

Confieso que descubrí a Roberto Bolaño apenas a fines del año pasado, y que desde entonces me he dedicado a una lectura desenfrenada de su obra: unas novelas estupendas y maravillosamente extrañas. Empecé con "Los detectives salvajes", que narra la búsqueda, por parte dos jóvenes estudiantes, Ulises Lima y Arturo Belano, y a través de un México que parece un laberinto, de la desaparecida Cesárea Tinajero, poetisa perteneciente a la corriente literaria de los "realvisceralistas". No hay continuidad ni cronología en la novela, que es toda dispersión, una cascada de versiones posibles y distintos puntos de vista sobre un mismo hecho, o sobre varios. Seguí con "2666", un relato desmesurado que tiene telón de fondo una enigmática sucesión de asesinatos de mujeres ocurridos al norte de México, en la imaginaria ciudad de Santa Teresa, y en donde me encontré por primera vez con un personaje macabro, Lalo Cura, una especie de matón marginal, medio narcotraficante y, a veces, guardaespalda de poderosos políticos, capaz de los peores crímenes, acaso por unas monedas, acaso por adular a su patrón. Seguiría hablándoles de "Putas asesinas", o "La pista de hielo", si no fuera porque juraría que vi a Lalo Cura, en la pantalla de Teleamazonas, durante el noticiero del mediodía, en una nota en que informaban sobre el ataque perpetrado a plena luz del día, y en mitad de la calle, en Quito, en contra de un equipo de periodistas que acababa de salir del Congreso. Podría asegurar que el rostro, congelado en la pantalla, para que la audiencia pueda identificarlo, era inconfundible: se trata, a mi juicio, del mismo Lalo Cura, al que encontré por primera vez en las páginas de "2666", y al que pude conocer mejor después en la "Prefiguración de Lalo Cura", uno de los cuentos contenidos en "Putas asesinas", una de las obras más relevante de Bolaño.

Lalo, hijo de un cura y una actriz porno, es un asesino a sueldo, guardaespalda de otros delincuentes, a quienes apodaban los chamacos, quienes a su vez protegían al Jefe, denotando así una jerarquía no solo de sueldo y funciones, sino también de arrojo personal y desprecio por la propia vida. En "2666", sin embargo, Bolaño varía un poco la historia. Ciertamente, la gente decía que el padre de Lalo había sido un sacerdote del barrio; pero su madre más bien contaba que se había embarazado de dos estudiantes a los que conoció, perdidos, en un desierto al norte de México. No recordaba sus nombres, pero le habían dicho que andaban en busca de una escritora. Bolaño no da ningún otro detalle, pero uno no puede sino maravillarse ante la sospecha que sea hijo de Ulises Lima, o Arturo Belano, los personajes de "Los detectives Salvajes".

Todavía no sé si me sorprendió más intuir que podían ser hijos de Lima o Belano, o encontrarlo en Quito pateando periodistas. Al final, la realidad puede ser tan increíble como la ficción, o a veces, más. Lo sabía bien Roberto Bolaño, chileno, mexicano, latinoamericano, cuando prefiguró a Lalo Cura.

Hora GMT: 31/Diciembre/2009 - 05:08

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