Varios hinchas de Liga de Quito llegaron desde la mañana para ganar el mejor puesto dentro del estadio en la final contra Internacional de Brasil

Faltaban más de 10 horas para el inicio del partido, pero Eduardo Karolys y Paulina López ya se dirigían rumbo a la Casa Blanca para ver la final de la Recopa entre Liga de Quito e Internacional de Porto Alegre.
Apenas un par de cojines para sentarse, unas bebidas y algo de comer, era lo que llevaban para soportar la tarde y noche en el escenario de Ponciano.
A las 09:30, ya eran los primeros en la entrada para la tribuna occidental y según comentaron, estaban muy temprano para evitar perder sus puestos de siempre. "Desde que se inauguró el estadio (1997) siempre nos sentamos detrás de la banca de Liga, en la parte alta. Se convirtió en una especia de cábala", destaca Eduardo.
El marcador de ambos fue 2-0 y se animaban a decir que los albos levantarán su segundo título internacional sin inconvenientes.
Cerca de las 11:00 se sumaría un tercer hincha a la fila: Eddie López, vestido con la camiseta blanca y con música en su celular pudo aguantar la espera para ingresar al estadio.
El movimiento era como para una final. Varios puestos de comida, elementos de la Policía Nacional y de la Policía Metropolitana, revendedores, prensa y los hinchas, que buscaban regatear el precio de las entradas.
En la mañana se anunció que quedaban más de 200 tribunas y unos pocos palcos, por lo que en las boleterías el ambiente no era tan ajetreado como en días anteriores.
Las generales se podían conseguir a $20, el doble del precio establecido; mientras que las tribunas estaban a $25 (el precio en boletería fue de $15). Los revendedores estaban reacios a negociar por menos y a los hinchas no les tocaba otra que comprar por ese valor.
Las camisetas, banderas, chompas y gorros eran los productos que más presencia tenían en las afueras del estadio. Una camiseta grande costaba $5, pero entre esos productos destacaban unas elaboradas por Roberto Gamboa que llegó desde Guayaquil.
La imagen de las camisetas era hecha a mano, en aerógrafo, según contó. "Me demoró media hora para hacer eso. Es algo único y original, porque cada diseño es distinto", contó el artista.
Cada prenda costaba $8, pero podía hacer un descuento por ella.
Pasado el mediodía, las pocas entradas que quedaban se terminaron y la U jugó con estadio lleno.
Dentro del escenario, varios carros entraban y salían para dejar lista la logística para el partido de la noche.
Desde el exterior se podía observar que en la pantalla gigante se proyectaban imágenes de partidos anteriores, que se transmitieron antes de la final.
Los equipos, alejados aún del estadio, aguardaban concentrados la hora cero. Los hinchas en sus casas o en sus trabajos, esperando salir lo más pronto posible, y palpitaban el partido, que llevará a la U por su segunda estrella dorada. (AGM)
Hora GMT: 10/Julio/2009 - 05:09
