|    Pico y placa Quito:  7-8    |  

Enrique Ponce abre la primera puerta grande de la Feria de Quito

Publicado el 01/Diciembre/2010 | 00:16

El valenciano desplegó una gran puesta en escena que estuvo a punto de desembocar en el indulto de un toro de Triana

Corta dos orejas y rabo

Por: Juan Antonio de Labra
Especial para HOY

La base de una comunión especial con el público, y una gran inteligencia, Enrique Ponce consiguió el corte de un rabo, un lauro más a una trayectoria de más de veinte años de triunfos a lo largo y ancho del llamado "planeta de los toros".

Porque ciertamente el toro de Triana que salió en segundo lugar no era de indulto, que se pidió con insistencia, y al final este entusiasmo colectivo propiciado por Enrique, fue suficiente para cortarle los máximos trofeos a un ejemplar sin trapío suficiente, pero que tuvo duración y movilidad, aunque no buen estilo

La faena fue de menos a más cuando Ponce comprendió que era preciso encelar al de Triana, y fue por el pitón izquierdo por el que consiguió centrar al toro y a la gente cuando improvisó su característica elegancia.

Aquellos naturales tersos y con mando, en los que el de Triana no terminó de humillar, encendieron los ánimos antes de que Ponce ejecutará una serie de muletazos de su invención que han dado en llamar "poncinas", que semejan unos movimientos de ballet.

La petición de indulto se fue gestando hacia el final de la faena, y Enrique sabía que en un descuido le perdonaban la vida a Gitano, así que se hizo un poquito el remolón para perfilarse hasta que el presidente de plaza, con buen tino, le indicó enérgico que debía matar al toro. Y como mató de una excelente estocada, en la que realizó la suerte con eficacia y limpieza, a sus manos fueron a parar las dos orejas y el rabo de Gitano.

También con el cuarto se afanó en agradar, pero el poco celo del toro no le permitió redondear una destacada actuación en la que sobresalió su maestría, y ese sentido escénico que atesora de cara a un público muy receptivo que disfrutó, de principio a fin, todo cuanto hizo el maestro de Chiva.

Morante de la Puebla no tuvo toros para lucir, y solamente pudo bosquejar detalles aislados con su peculiar sello. Si acaso con el capote prodigó algunos lances repletos de torería, pero su profundo toreo de capote no encontró continuidad en las faenas de muleta, en las que se vio obligado a abreviar ante la inconformidad de sus seguidores, y un público que le esperó ilusionado y terminó reprochándole.

Curro Rodríguez, que tomaba la alternativa, estuvo digno en el toro de la ceremonia, un ejemplar bravo y de buen estilo que, lamentablemente se lesionó las dos pezuñas delanteras, lo que obligó al torero a cortar la faena.

En el sexto invitó a banderillear a su hermano El Guille, al que brindó el toro de la alternativa, y parecía que el entusiasmo iba a irse para arriba, pues la gente estuvo alentando a Curro durante toda la tarde. Sin embargo, la falta de claridad del toro, y su violencia, no dejó que esa buena vibra tomare el curso deseado, y fue evidente la falta de rodaje del torero, que tampoco estuvo fino con los aceros.

La ficha

Segunda corrida de feria. Más de dos tercios de entrada en tarde calurosa, con algunas ráfagas de viento.

Toros de Huagrahuasi y Triana (2.° y 3.°), de escaso juego en su conjunto, de los que sobresalió el 2.°, por su duración y movilidad, que recibió vuelta al ruedo.

Enrique Ponce (azul noche y oro): Dos orejas y rabo y ovación.

Morante de la Puebla (grana y oro): Pitos y pitos tras aviso.

Curro Rodríguez (azul prusia y oro), que tomaba la alternativa: Ovación y silencio tras aviso.

Destacó en banderillas El Diablo Calahorrano, y Alejandro Escobar en la brega.

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Tags : Toros 


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