Por José Valencia
A estas alturas de la crisis económica mundial, se perfilan ya algunas conclusiones provisionales con respecto a sus principales efectos en América Latina. ¿Qué nos anuncian tales conclusiones con respecto a las presentes y futuras políticas internacionales de nuestros países? La crisis empezó por golpear al mercado financiero, deprimió a las bolsas de valores y afectó severamente la economía real del norte industrializado. Entre sus secuelas, están el decrecimiento de la producción, el consiguiente aumento del desempleo, la restricción del crédito, la severa disminución del comercio internacional y la caída de los precios de las materias primas. Estos dos últimos efectos son los más relevantes para nuestra región, sostiene José Antonio Ocampo, a quien debo algunas de estas reflexiones.
En los países latinoamericanos, el impacto de la crisis se ha verificado de modo diverso. No todos han sufrido el conjunto de consecuencias negativas, ni en la misma magnitud. La disminución del comercio afectó sobre todo a las economías orientadas a la exportación, en particular de materias primas. (Aunque los países importadores de petróleo y alimentos y aquellos con déficit comercial recibieron buenas nuevas con la reducción de precios). Por tanto, las naciones con importantes mercados internos y producción orientada a estos tendrán mayor fortuna en mantener su aliento económico que las que cuentan con reducidos mercados. Al menos en teoría crecen los incentivos para la integración con miras a agregar mercados y activar recíprocamente los aparatos productivos a escala regional.
El desempleo en el mundo industrializado afectará de forma directa a varios países latinoamericanos por la contracción de las remesas de los migrantes. Este fenómeno se verá amortiguado en naciones que han devaluado sus monedas; lo que no se aplica al Ecuador y El Salvador, que tienen economías dolarizadas.
Sin embargo, el impacto se atenuará para nuestro país por cuanto el euro se ha revaluado frente al dólar y un buen porcentaje de las remesas ecuatorianas proviene de Europa. (Aún queda por saberse si la crisis acentuará la dinámica de decrecimiento progresivo de las remesas que se produce 15 años después de la ola migratoria).
Las predicciones de la ONU, el FMI y analistas privados sugieren una media de entre tres y cinco años para que la economía mundial recobre su paso. Por tanto los países latinoamericanos deberían desplegar agendas internacionales y concomitantes medidas nacionales para encarar un quinquenio de fenómenos sobre los que pueden influir, i.a. obtención de crédito e impacto de la reducción de remesas, y otros fuera de su control, como la reactivación del crecimiento en el norte.
Pero además es indispensable pensar más allá de ese horizonte, porque toda crisis inaugura nuevas realidades sobre la base del pasado. ¿Cómo integrar a nuestros países en una economía mundial en la que el valor agregado se determinará cada vez más por la innovación y la información? ¿Cómo incentivar una producción que no solo crezca sino que se oriente tanto al mercado externo como al interno? ¿Cómo responder a la exigencia de crecimiento sustentable que se anticipa por el cambio de matriz energética en los próximos 30 años?
jvalencia@hoy.com.ec
Hora GMT: 25/Junio/2009 - 05:09
