Por Teodoro Bustamante P.
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En los últimos días he aprendido muchas cosas sobre política. Las lecciones vienen de varios lados: Están amigos míos, que trabajan en el Gobierno, y se desahogan, por la manera en que sus esfuerzos para construir un Estado decente, programático, organizado son torpedeados por una dinámica de rivalidades internas, de conflictos, de inconsistencias. Por el hecho de que la lógica a la cual ellos desean servir, la del interés nacional, está boicoteada, por la inexistencia de una perspectiva de país y la sobreabundancia de ambiciones cortesanas.
Segundo elemento: En una semana dos veces, mi automóvil, ha sido objeto de ataques de ladrones. Pero mi vehículo no está solo; automóviles de mis amigos, gobiernistas o no, han sido también agredidos de esta manera.
El siguiente elemento surge de la campaña electoral. El vacío de debate es fenomenal, pero hay algo que parece darle un poco de sabor y tal vez algo de contenido a este aburrido proceso electoral. Un candidato se niega a cumplir las disposiciones del tribunal. Un verdadero berrinche, y sus expresiones son enfáticas. "Mi cadenitas sabatinas son sagradas" Esta hermosa expresión, que muestra su sofisticado pensamiento político, tiene dos virtudes: la primera es que nos muestra su ferviente adhesión a los principios del berrinche. "Las leyes son para otros, no para mí"
Pero el contenido de tan hermosa proclama, aparece con más claridad, cuando escuchamos el contenido de las famosas cadenas sabatinas. En general su argumentación es precaria, pero hay algo que sí es constante y sistemático, en realidad el centro mismo de ese mal espectáculo. Y esto es la exhibición de narcisismo. A falta de voces que apoyen a este candidato, él se dedica a autoadmirarse. Seguramente trata de autoconvecerse de que alguien puede creer todas las cosas lindas que él dice de sí mismo. Pero eso no es suficiente, es necesario también dedicar su programa a atacar a todos los que puedan criticar o discrepar con su gestión.
Y, entonces, aquí entiendo otro elemento más. Algunos partidarios del Gobierno, justifican las torpezas gubernamentales aduciendo que se trata de una lucha de poder. Pero sin lugar a dudas no se trata de un poder que tenga un programa, una expresión articulada. El poder en realidad no es otra cosa que el monopolio y control de los medios para asegurar la satisfacción de los deseos casi ilimitados de gratificación narcisista.
No tengo dudas de que, para justificar esta lógica, usarán sus mal digeridas lecturas de los conspiradores de palacio al estilo Maquiavelo. Pero la verdad es que mientras eso sucede la calidad de la vida social de los que somos simplemente personas, ciudadanos, está marcada por la inseguridad. Quienes quieren trabajar por el bien común se ven amenazados por las maniobras de los cortesanos del narcisismo.
La política ha dejado así de ser el espacio para discutir y mejorar nuestra vida en común, y se ha convertido en la forma que estos grandes egos nos arrinconan e impiden que enfrentemos las tareas necesarias, para hacer algo sencillo, vivir bien, con dignidad entre personas.
Hora GMT: 08/Abril/2009 - 05:06

08/Abril/2009 a las 15:55
Magnifico diagnostico. La pena es que la gente se va a dar cuenta de esto muy tarde y lo tendremos por 4 años mas si no lo votan. La unica esperanza es que le pase lo mismo que a Narciso.....hay charcos cristalinos en Carondelet?