Susana Klinkicht
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Como un balde de agua fría cayó en Cuenca la noticia de que periodistas habían sido insultados en la Alcaldía. Los testimonios y los comentarios en la radio denotaron un buen grado de sorpresa de que haya ocurrido en esta ciudad. En la imagen que tiene de sí misma no caben incidentes como el que sucedió días atrás: Convocados a una rueda de prensa por el alcalde, se toparon con que el lugar había sido tomado por dirigentes barriales que querían ostentar su respaldo a Paúl Granda, en contra del prefecto Paúl Carrasco. En vez de ejercer sus obligaciones de anfitriones, recibiendo y reservando el espacio para la prensa, los funcionarios municipales demostraron una pasividad sorprendente ante los agravios verbales contra los periodistas e, incluso, algún empujón por parte de los demás presentes.
Un incidente que podría ser calificado de
circunstancial ha acarreado una larga secuela de reacciones y entrevistas, que finalmente terminaron con un plantón, en el que unos 50 periodistas no sólo reclamaron a las autoridades municipales, sino también a sus propios gremios, ausentes en el debate.
Dos cosas llamaron la atención: la inicial permisividad del alcalde, que demoró en dar explicaciones por lo ocurrido en su propia casa, y la disposición de uno de los dirigentes barriales a disculparse. En un ambiente, en el que, según un manifiesto de los periodistas, se tiende a emular "iguales actitudes grotescas y censurables de altos funcionarios del actual Gobierno", las disculpas restauraron en algo la auto percepción cuencana de que sí somos diferentes. ¿Es cierto? La disputa entre los dos Paúles se inspira en estilos de manejar la opinión pública, que mucho tienen que ver con la forma de hacerlo del Gobierno central. Esquivando la mediación por parte de los medios privados, buscan el contacto directo con la población, ponen en escena, cada uno a su manera, la obra de la que son protagonistas. La política como espectáculo, en el que, del aplauso contratado, el público está pasando a la acción.
En mítines, gabinetes itinerantes y, programas semanales de radio proporcionan su versión de las informaciones a la población. Carrasco, quien comenzó como aliado del Gobierno y ahora intenta una candidatura a la Presidencia, en ademán histriónico, apegado más a su actual adversario, Granda, quien continúa con el Gobierno, más afín a la cátedra.
Un supuesto intento de desestabilización, del que Carrasco acusa a funcionarios municipales, ha provocado un enfrentamiento que ya no puede ser disimulado. De la ironía ha pasado al cinismo y a lo personal.
Lo que sucedió con los periodistas en la Alcaldía no se arregla con una disculpa del dirigente barrial que la pronunció, aunque su comportamiento resulte ejemplar y digno de ser emulado, sobre todo porque habló de una experiencia de la que salió aprendiendo. Es producto de un deterioro de las costumbres y canales democráticos, que están provocando un ambiente que amenaza con salirse de cauce.
Autor: Susana Klinkicht - Ciudad Quito






