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Política agraria

Publicado el 24/Junio/2008 | 00:00

La política agraria demanda claridad de objetivos y estos no pueden reducirse a rebajar los precios de los alimentos o asegurar al consumidor suministros más baratos. Esta política supone un conjunto de medidas encaminadas a incrementar la producción, mejorar la productividad para estabilizar los mercados y garantizar la seguridad de los abastecimientos, pero siempre tomando en cuenta al agricultor para ofrecerle las condiciones que le permitan un nivel de vida digno. La política agraria debe contribuir al crecimiento económico, haciendo posible la producción de una amplia gama de productos alimenticios de calidad. Y para esto lo mejor es permitir producir, vender y exportar sin interferencias. Al Ecuador se le presentan circunstancias extraordinarias con el incremento de la demanda mundial y la posición competitiva que aporta la debilidad del dólar. El país cuenta con capacidad de producción no solo para abastecer la demanda interna sino también para la exportación, como se advierte en los actuales momentos con el arroz. Es una oportunidad única para que las condiciones de mercado beneficien a la población agrícola, con ingresos razonables que le permita la preservación del patrimonio rural.

El desarrollo rural, tan difícil de alcanzar por la dispersión de las comunidades, puede en los actuales momentos resolverse en gran medida a través de una renta adecuada a los agricultores, cuyos ingresos, en general, son más bajos que en los demás sectores. La interferencia de las regulaciones del Estado, para vender y exportar arroz no solo está en contra de las legítimas aspiraciones de los agricultores, sino que obstaculizan una adecuada respuesta al mercado y la posibilidad de demostrar su capacidad competitiva, sin dejarse influir por las promesas de opciones de ayuda gubernamental. Si la política agrícola no ha dado seguridad financiera a los agricultores afectados por catástrofes naturales, no cabe obstaculizar su desenvolvimiento cuando el mercado se torna favorable.

La falta de una política articulada ha permitido la oferta de eliminar el IVA a los insumos agrícolas, cuando estos nunca han estado gravados. Semillas certificadas, bulbos, plantas, esquejes, raíces vivas, fertilizantes, insecticidas, pesticidas, fungicidas, herbicidas, antiparasitarios, productos veterinarios, maquinaria e implementos agrícolas constan con tarifa cero.

Los países en desarrollo como el nuestro, son en este momento los beneficiarios de la demanda mundial. Sería inadmisible sumirnos en una serie de regulaciones encaminadas a direccionar nuestras exportaciones, establecer control de precios, imponer trámites para la comercialización interna, etc. Es el momento de hacer presencia a favor de un comercio mundial más justo y de enfrentar los nuevos desafíos que presenta el fuerte crecimiento del mercado agrícola y de los precios remuneradores en el ámbito internacional, y no perder posiciones que podrían ser tomadas por los países mejor preparados.

Hora GMT: 24/Junio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Elsa De Mena

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