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Poder y oratoria

Publicado el 17/Octubre/2012 | 00:47

Segundo E. Moreno Y谩nez

smoreno@hoy.com.ec

El conocido antrop贸logo Eric R. Wolf, en su libro Figurar el poder. Ideolog铆as de dominaci贸n y crisis (M茅xico, 2001), examina tres casos: los kwakiutl de la isla de Vancouver, los aztecas de los siglos XV y XVI y la Alemania nacionalsocialista. Los jefes kwakiutl y los nobles aztecas demandaron el derecho de gobernar "al atribuir sus funciones al orden cosmol贸gico del mundo" y a ciertos nexos con lo sobrenatural. El nacionalsocialismo formul贸 una ideolog铆a "para justificar el ejercicio del poder, edificado sobre una cosmolog铆a", al identificar el mundo con la naturaleza: escenario donde los grupos humanos est谩n sujetos, como los animales y plantas, a un enfrentamiento y lucha constantes, por lo que es necesario identificar a los enemigos. En los tres casos la creaci贸n de la ideolog铆a dependi贸 mucho de la destreza ret贸rica. Entre los kwakiutl los jefes y sus parientes recitaban en p煤blico los textos cosmol贸gicos importantes y gozaban de un monopolio sobre los mensajes y canales de comunicaci贸n. Entre los aztecas la oratoria tuvo un papel similar. En sus discursos el "tlatoani" (rey tenochca) enaltec铆a a los virtuosos y vituperaba a los malvados y negligentes. "Estos discursos moralizadores no solo prescrib铆an las normas de conducta adecuadas; tambi茅n proyectaban valores hegem贸nicos que reg铆an todo un mundo cultural". Un papel importante jugaban las "historias-mitos", las que no eran narraciones de acontecimientos reales sino relatos aleg贸ricos del pasado que exaltaban una teleolog铆a del futuro. Estos discursos, aunados a las representaciones rituales y a los emblemas simb贸licos, proyectaban un "mundo imaginado" por el poder.

La oratoria al servicio del poder resulta m谩s obvia en el caso del populismo nacionalsocialista. En el cap铆tulo "Nuestras luchas en las primeras etapas. La importancia de la oratoria", Adolf Hitler menciona que, a partir de sus conferencias sobre la "inhumana crueldad" del tratado de Versalles, descubri贸 su car谩cter de "orador de grandes m铆tines". Entonces, asevera en Mein Kampf, "se me hab铆an hecho corrientes el tono pat茅tico y la m铆mica que se requieren para hablar en una gran sala ante un auditorio de miles". Al contrario del escritor que ignora a sus lectores, "el orador tiene en el auditorio al cual se dirige un punto permanente de referencia, siempre que sepa leer en la expresi贸n de sus oyentes hasta qu茅 punto son 茅stos capaces de seguirle y comprender sus ideas". El papel del orador es, por lo tanto, "ejercer la mayor influencia posible sobre la masa de sus oyentes y, en un sentido m谩s amplio, sobre la totalidad de las clases bajas de su pueblo".

Estos estudios de caso explican la inveterada costumbre de los pol铆ticos populistas de llegar a ser oradores de grandes m铆tines, para desde los balcones y tarimas, en largos discursos, vituperar a los enemigos y prescribir normas de conducta.

Autor: Segundo Moreno - smoreno@hoy.com.ec Ciudad Quito

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