Si la moda política empieza por la cabeza y continúa con los atuendos distintivos, sin dudas que Piedad Córdova hace la distinción. "¿Qué hay debajo de sus turbantes?", se preguntaba un periodista gratamente sorprendido por su distinguida manera de vestir y concluía que hasta en eso va contra el establishment político colombiano. Esta mujer es valiente por el lado más difícil, aquel del señalamiento cultural: "Esa negra, etc., etc.".
Dos mujeres he visto que lleven turbantes con tanta exquisitez simbólica: la cantante Eryka Badú y la senadora afrocolombiana. El pandao de la cabeza en las culturas africanas se lo hace por cosas religiosas y de distinción social, aunque también para proteger la cabeza de la canícula. En el caso de Piedad Córdova es el look de la resistencia a los "ismos" que le han hecho la vida de cuadritos. Racismo, machismo y derechismo vengativo.
Su liderazgo se empezó a cuajar en los barrios populares de Medellín (en esa ciudad nació), con tantas ganas y pasión que no faltaron los profetas de la esquina vaticinándola como que algún día sería inquilina del Palacio de Nariño; pero no contaban que ella transita por vocación revolucionaria las vías menos recorridas de la política colombiana, que suelen ser aquellas del heroísmo.
Fue una de los tres afrocolombianos que estudiaban en la Facultad de Derecho de la Universidad Javeriana de su ciudad natal. Es abogada y tiene otros estudios. Su primer cargo de elección popular fue de concejala y más adelante vendrían las tres elecciones sucesivas al Senado de Colombia.
Piedad Córdova tiene tremendo embale como virtud y lo confirmó en una entrevista: "se pasa de la raya". O sea interrumpe la estúpida sonata de los flautistas de la "parapolítica". El investigador venezolano Jesús García decía que ella pertenece a ese grupo de mujeres afroamericanas que lideraron insurgencias de cualquier tipo cuando la moral de la gente negra y otras gentes era la de un cementerio. Este jazzman está de acuerdo.
Mientras la izquierda colombiana se acoquina por las cifras de aceptación, según las encuestas, de Álvaro Uribe, ella cuenta las verdades más crudas y peludas a todos quienes quieran escucharla. ¿Y qué no le han dicho e intentado hacerle? Algunos en pleno vuelo quisieron lapidarla, sufrió secuestro de los paramilitares de Carlos Castaño y ha sobrevivido a ocho atentados, en uno de ellos se llevaron por delante la vida de dos de sus escoltas y en otro el chofer quedó lisiado.
Una de las últimas mentiras carimbas fue la lista de amantes en la que Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, estaba con el número uno. Fue cuando descargó su amargura: "Con el riesgo personal que arrastro quién va a querer salir conmigo". Como aquel que se le atraviese al uribismo se lo incluye en alguna de las laptops de Tres Esquinas, a Piedad Córdova también la han embarrado. Qué infamia.
Hora GMT: 19/Julio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Juan Montaño Escobar
