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Piazzolla

Publicado el 17/Diciembre/2009 | 00:07

Por César Ricaurte
cricaurte@hoy.com.ec

En estos días, escucho casi compulsivamente un volumen en vivo llamado Otros Aires, que significa simplemente, eso: otro aire. Los sonidos de la ciudad que cuenta este disco se filtran desde un escenario de un teataro de barrio a través de los visillos de una ventana del tercer piso abierta de par en par por el calor. Suave, pero apabullante, nos muestra de que el tango es el sonido vivo de una ciudad, un país, un universo estético y artístico, de una vitalidad enorme.

Pero esto es solo una anécdota en el camino. Porque, allá, en el vórtice del camino, en el punto de quiebre de la historia, está la figura enorme (por su significado) de Astor Piazzolla, un músico fantástico y una figura malentendida por unos y otros, sus detractores y sus fanáticos, como bien cuentan Diego Fischerman y Abel Gilbert en Piazzolla, el mal entendido.

Cuando uno recorre la trayectoria iniciática de Piazzolla se encuentra con alguien mucho más complejo de etiquetas siempre insuficientes como aquella de "renovador del tango". Para entenderlo, hay que profundizar en dos épocas distintas pero contiguas en la vida del Maestro: su compleja relación con el peronismo, un régimen que tuvo la intención de refundar todo en la Argentina.

Recordemos que el peronismo, más que nada, se definía por los simbolismos. Y el arte era un territorio de batalla.

Relatan Fischerman y Gilbert que Oscar Ivanissevich, el ministro de Educación de la época, bramaba: "La nefasta manía del cubismo, del futurismo, del fauvismo y del surrealismo ha sido la manía de los audaces y de los anómalos que querían singularizarse de algún modo". Al mismo tiempo, se multiplicaban las piezas dedicadas a los "mesías": Evita capitana, La descamisada, Oda a Perón, etc.

Piazzolla tuvo una relación ambigua con el peronismo. No podía ser de otra forma, dada la hegemonía del partido, que se manifestó, por ejemplo, en la condena a Hugo del Carril, quien había sido el cantor oficial durante los primeros años.

En esa época, Piazzolla visualiza que es necesaria una profunda renovación del tango, pero sabe que no podrá hacerla desde la Argentina. Más tarde dirá: "Era necesario sacar al tango de esa monotonía que lo envolvía, tanto armónica como melódica, rítmica y estética... En dos palabras, lograr que el tango entusiasme y no canse al ejecutante ni al oyente".

Una vez en París, es esencial su encuentro con la maestra Nadia Boulanger quien le habría dicho que su destino era que "transforme la música de su pueblo en algo hermoso", y Piazzolla tuvo su epifanía: "Él era en esencia un tanguero", y tenía que ser así.

Si no hubiera esta historia de Piazzolla, el tango no se habría fusionado con el jazz, con la música académica y, ahora, con la electrónica urbana. El tango sería una curiosidad de nostálgicos. Debemos reconocer que, lamentablemente, nunca hubo algo parecido a un Piazzolla en estas tierras.

Hora GMT: 17/Diciembre/2009 - 05:07

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