Por Alexandra Ayala Marín
alexayalama@hoy.com.ec
Como usted, me siento perdida frente a las intrincadas redes creadas por el narcotráfico y sus supuestos parientes próximos, las Farc, y lejanos, el cartel de Sinaloa y/u otros nombres, y las miles de piezas que forman el rompecabezas del caso Chauvín. Y resulta que ahora, gracias a la puntita del iceberg identificada como "Nacho", estamos inmersos en la narcopolítica, problema que atribuíamos solo a lares vecinos, con largas historias de violencia, narcotráfico y política.
Sí, aunque el presidente de la República rechace la denominación, este caso relaciona el narcotráfico de los hermanos Ostaiza con la política gubernamental en lo que tiene que ver con Angostura, el campamento de las Farc, la agresión colombiana, la ruptura de relaciones diplomáticas con el vecino, que comprometió la solidaridad latinoamericana y de la OEA por haber sido agredidos en nuestra soberanía, hace ya un año.
Es que Luis Ignacio Chauvin no era uno más de los posibles clandestinos "comandantes" de enlace de las colombianas Farc, sino un ex subsecretario del Coordinación Política del Ministerio de Gobierno, amigo personal del ex ministro Gustavo Larrea y antiguo funcionario o empleado de la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos, Aldhu, convertida en otra de las protagonistas del caso, tanto, que en una medida poco acertada, el Gobierno no encuentra mejor salida que quitarle su estatus de privilegios y empujarla a salir del país; frente a esto, su directivo no encontró mejor respuesta que enfatizar la contradicción en la que incurre el Gobierno, debido a su supuesta tendencia de izquierda.
Lo cierto es que la Aldhu procedió a entregar carnés a refugiados sin tener autorización, con todo lo que esto implica de paso abierto a quienes no son; cierto que la Aldhu protegió a las víctimas del bombardeo en Angostura, de torturas y otros excesos, conforme a su misión, pero también, que trató a cuerpo de reinas a tres guerrilleras rescatadas y que les permitió salir del país de la noche a la mañana, como si no hubieran tenido que responder a indagatorias necesarias; cierto, que además de su estatus de inmunidad, contaba en este Gobierno con la anuencia particular del ex ministro Gustavo Larrea, también su antiguo funcionario; cierto, que con base en estos antecedentes políticos, mucho es lo que tendría que decir su representante Juan de Dios Parra, amigo personal del ex ministro Larrea y de Chauvin.
A partir de allí, demasiadas elementos confusos. Un pedido de perdón, apresurado y excesivo, del presidente a Chauvin, solo porque este se entregó a las autoridades; y una expulsión, también apresurada, que entorpece investigaciones imprescindibles para esclarecer el caso. Porque nada podemos exigir como ciudadanía más que claridad para llegar a la verdad. Hablar nuevamente de conspiración es paranoia inútil, que no contribuye a ubicar los hechos ni a sus responsables. Entre perdón y expulsión, parecería más tendencia al perdón y olvido de este caso hoy llamado de narcopolìtica, hasta que no se demuestre lo contrario.
Hora GMT: 21/Febrero/2009 - 05:09
