Por Francisco Rosales Ramos

Qué pena. México, que ha sido líder en la defensa de los derechos humanos y ha acogido a perseguidos políticos de todas las latitudes, acaba de celebrar un convenio con el oprobioso régimen castrista, por el cual se compromete a repatriar a los cubanos que huyan de la Isla en busca de libertad y humanas condiciones de vida.

Vale recordar solamente el destacado papel que cumplió México a la caída de la república española. Recibió con los brazos abiertos a miles de perseguidos por la dictadura de Franco, al punto de que se organizó un Gobierno en el exilio que reconoció por largo tiempo. México solamente restableció relaciones con Madrid con el advenimiento de los gobiernos constitucionales. La inmigración española contribuyó positivamente al desarrollo económico del país anfitrión.

Mutatis mutandi, lo que acaba de hacer el gobierno de Calderón con la eterna dictadura castrista equivaldría a que, en su momento, se hubiera convenido con Franco a repatriar a los españoles que arribaron a México, a sabiendas de que serían objeto de persecución y castigo. Y, aún peor, porque en el sistema cubano el Gobierno es el único empleador y proveedor exclusivo de bienes y servicios. De manera que la primera sanción consiste en perder el empleo y la cartilla de acceso a los alimentos y bienes básicos. En el último año, México ha sido la vía más utilizada por los cubanos para huir de su país e ingresar a los EEUU, donde tienen tratamiento migratorio preferencial. Es difícil aceptar que Calderón hubiere cedido a presiones de Washington, conociendo la larga tradición mexicana sobre la autonomía de su política internacional.

El acuerdo suscrito el 20 de octubre entre la secretaria de Relaciones Exteriores de México, Patricia Espinoza, y su par cubano, Felipe Pérez Roque, por el cual serán devueltos a La Habana quienes hayan ingresado ilegalmente a territorio mexicano, dificulta una puerta de escape y somete a estas personas a drásticas sanciones y represalias. El tráfico ilegal de cubanos que huyen en lanchas rápidas hacia las costas de México y los Estados Unidos ha dado lugar a un infame negocio para las mafias que lo manejan. Cobran altas cifras que se comparten a través de coimas pagadas a autoridades de Cuba y México, sin cuya complicidad no podría llevarse a cabo el negocio. Pero, según los enterados, el convenio solamente encarecerá la tarifa. Latinoamérica no puede continuar dando las espaldas a las violaciones a los derechos humanos por parte de la dictadura de medio siglo. Es hora de exigir elecciones libres y el respeto a la dignidad de los ciudadanos. No se trata de ahogar al régimen del menor de los Castro. El bloqueo norteamericano, por ejemplo, ha sido un error de bulto de los EEUU, pues no ha afectado al régimen cubano, sino a su pueblo. Y más bien ha servido de justificación para las dolorosas condiciones económicas en las que vive la Isla.

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