Sigo creyendo innecesaria una ley que convierta en punibles las malas prácticas periodísticas
Por Omar Ospina García
oospina@hoy.com.ec
Escribí hace varias semanas que la mejor Ley de Prensa es la que no existe. Lo mantengo aunque a ratos, escuchando la radio, viendo la teve y leyendo la prensa, me siento tentado a pensar que debería existir no una Ley de Prensa sino una efectiva mordaza para quienes confunden opinión con odio o información con manipulación. Pecado recurrente del periodismo empresarial privado tanto como del oficial.
Pero no creo necesaria una Ley que ponga límites a la verborrea incontinente, ni cercados a la mala leche, ni talanqueras a la desinformación, ni muros a la manipulación, a pesar de que nuestro pueblo no es bien educado en el sentido de haber recibido una buena educación, no en el hipócrita de bien "comportado" para percibir las malas intenciones allí donde florecen o discernir entre lo que es oposición ciega y fanática y lo que es información que busca la verdad con objetividad e imparcialidad. No la creo necesaria aunque el periodismo no es perfecto, como piensan quienes lo creen institución intocable.
Ninguna actividad humana, ninguna institución por importante que sea o sagrada que se considere, ninguna obra humana debe ser intocable. Como tales, son siempre perfectibles y, por lo mismo, sujetos de crítica, de amonestación, de rechazo si a ello hubiere lugar. Pero nuestro pueblo no tiene la formación necesaria, gracias a unes y demás engendros, para ser crítico y obrar en consecuencia. Nuestro periodismo no es perfecto. No lo es cuando entrevista por media hora a quien concuerda o coincide con sus odios y le permite perorar sin cortapisas, y luego entrevista por cinco minutos a quien piensa diferente y le interrumpe con grosería cada 10 segundos o lo presiona y acorrala para que "confiese" que el periodista tiene la razón y que su palabra es "la única luz en la poterna", porque él es el único "guardián de la heredad", parafraseando al poeta. No lo es cuando, en una situación confusa y fortuita, le niega voz a una parte, le da manga ancha a la otra, y desinforma con mala intención.
No es perfecto nuestro periodismo, ni el supuestamente independiente pero en el fondo opositor, ni el oficial del que se aprovecha el poder para perseguir a quienes le son incómodos. Ambos cojean de la misma pata: parcialidad evidente, subjetividad extrema en muchos casos, sobre todo los audiovisuales, mala intención recurrente. Se titula con dedicatoria aunque el texto no concuerde o contradiga al titular. Se desmerecen los méritos ajenos y, cuando se reconocen de vez en cuando, se llena el espacio de aire o de papel con los consabidos "aunque", "pero", "sin embargo" que minimizan el reconocimiento. Pero sigo creyendo innecesaria una Ley que convierta en punibles tales malas prácticas. Porque cuando ellas tocan las lindes del delito o de la infracción, ahí están códigos y leyes para imponer las penas del caso, como acaba de suceder con un conocido político y un periodista injuriador. La Ley es para usarla cuando sea necesario.
Pero, en cambio, sí creo pertinente una "Comisión ética" de Ombudsman que observe la actividad periodística y denuncie, no ante la Justicia pues ello compete al ofendido, sino ante la comunidad, los errores que se cometan.
Coletilla. La anterior es una idea educativa por cierto que ampliaré en otra ocasión, porque me parece no sólo útil y necesaria sino factible de poner en ejecución legal y operativa, imparcial y objetiva.
Hora GMT: 29/Noviembre/2009 - 05:08

29/Noviembre/2009 a las 12:24
¡Qué alivio!Desde que inició el debate sobre esta ley, no he dejado de leer artículos sin sentido, y por fin encuentro aquí al menos un momento de alivio. Nuestra prensa, con sus excepciones, está plagada de periodistas presos de la manipulación y la mala fe, y sobretodo irresponsables. Pues, centrar cada uno de los debates actuales alrededor conceptos fuertes, fruto de una historia y de un pensamiento que los ha definido: como dictadura, libertad, comunismo, totalitarismo, y utilizarlos como vanos clichés sacados de manuales escolares de mala calidad, para atacar al Gobierno, es movilizar al pueblo de manera irresponsable e ignorante. La prensa debería ser también un espacio de aprendizaje en el que las palabras sean respetadas en su justo significado, en que la lectura de la actualidad tenga sentido más allá de la mínima subjetividad del articulista, en que se pueda discutir y no sólo patalear. Sólo así, participando en la educación del pueblo se podrá movilizar una opinión legítima. De lo contrario, ponerse como institución intachable, única partera de nuevos salvadores de la "democracia", portadora de La lectura de la realidad, no es sino a la vista de muchos de nosotros una posición deplorable y patética.