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Paz y pobreza

Publicado el 04/Enero/2009 | 00:09

Por Jaime Acosta Espinosa


Donde la pobreza roza con la impotencia no puede haber paz. ¿Cómo puede haber concordia, serenidad, justicia o fraternidad en una multitud con bolsillos vacíos y estómagos desnutridos? Por lo tanto, para construir cualquier forma de paz se impone el combate contra la pobreza. Así lo han suplicado numerosos documentos eclesiásticos y Benedicto XVI lo insiste en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2009.

Cuando se mira de lo alto sobresalen las múltiples y variadas dimensiones de la pobreza. El pobre digno de compasión no es el que carece de dinero, sino el que tiene el alma desprovista de ambiciones espirituales. Los mejores bienes de este mundo son los que no cuestan nada. La pobreza, entonces, no es atributo de países pobres. El Papa se lamenta de que "en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de marginación, pobreza relacional, moral y espiritual: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar económico".

Cualquier forma de pobreza "tiene su raíz en la falta de respeto por la dignidad trascendente de la persona humana". El hombre ha sido hecho para desenvolverse según todo lo que hay en él y para desarrollar sus valores de vida corporal, espiritual, familiar, nacional y, luego, vida interior, en donde concluye todo lo visible. Una acción, que no respete esa jerarquía, es inhumana y, si lo respeta, es moralidad, de la cual la economía, tan glorificada en estos tiempos, no es sino el sirviente.

Si no se considera al hombre en su vocación integral y no se respetan las exigencias de una verdadera "ecología humana", se desencadenan "dinámicas perversas de pobreza", como se pone claramente de manifiesto en algunos aspectos que hoy nos alborotan: la pobreza y el crecimiento demográfico, la pobreza y las enfermedades pandémicas, la pobreza de los niños, la pobreza y el armamentismo, la crisis alimentaria…

La fragilidad de las finanzas mundiales, en grave estado de postración, no puede escaparse de la aguda reflexión del Pontífice. El mayor problema de los intercambios financieros radica en "una lógica a muy corto plazo, que busca el incremento del valor de las inversiones financieras y se concentra en la gestión técnica de las diversas formas de riesgo". Operaciones financieras que no se interesen sino por su sostenimiento inmediato, "sin consideración del bien común a largo plazo", pierden "la función de puente entre el presente y el futuro, con vistas a sostener la creación de nuevas oportunidades de producción y de trabajo…". Unas finanzas así restringidas "llegan a ser peligrosas para todos, también para quien logra beneficiarse de ellas durante las fases de euforia financiera".

La técnica será incapaz de eliminar la pobreza si no se alía con disposiciones del corazón.

jjacosta@hoy.com.ec

Hora GMT: 04/Enero/2009 - 05:09





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