Por Claudio Mena Villamar
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Se acaba de declarar al tango como Patrimonio de la Humanidad, lo que significa que el tango es un bien cultural que, por su valor universal, debe ser protegido.
La noticia no solo debe interesar a los tangueros, sino a todos, no porque haya quienes consideren que al tango se le acabó su "cuarto de hora", sino porque el tango ha logrado conquistar el mundo después de un rudo nacimiento en los arrabales pobres de un Buenos Aires de otro siglo.
Jamás una música se ha conformado con influencias tan diversas. Sus ingredientes culturales vienen de distintas latitudes: de América, Europa, Asia. El tango fue un verdadero crisol en el que se fundieron estos diversos elementos, más el predominio de lo urbano y porteño de Buenos Aires y Montevideo.
El pasado del tango nos lleva a los primeros conjuntos que se integraron con flauta, violín, guitarra y un instrumento de origen alemán: el bandoneón. La incorporación del bandoneón señala la partida de nacimiento del tango. El bandoneón había sido concebido en Europa como un órgano portátil, utilizado para acompañar las danzas colectivas de los campesinos de Baviera.
Posteriormente, el piano se incorporó a los primitivos tríos, con lo cual confirieron permanencia a la música, haciendo posible la transcripción y el repertorio impreso.
En 1905, la revista Caras y Caretas publicó una crónica con el título "Baile de moda", y allí se escribe: "No hay teatro donde no se anuncien tangos nuevos, lo que es un gran aliciente para la clientela de bailarines
el tango es prohibidísimo, es el más libertino de los bailes, el tango es cuestión de la mala vida, vida oscura de arrabal, habitada por personajes reclutados en todas las clases sociales: el compadre, el cajetilla, la china burdelera
"
En los años finales del siglo, aparecieron los primeros aparatos registradores de sonido y, en 1900, se inició la grabación y comercialización de discos de 80 revoluciones por minuto.
En la Nochebuena de 1905, surgió el primer tango cantado en la rotisería de Ronchetti, cuando Angel Villoldo llevó unas coplas que cantó Lola Candales, una vedette uruguaya. Entonces, la clientela escuchó: "Yo soy la morocha
", de Enrique Saborido.
En el año 1917, apareció un hijo de italianos, Pablo Contursi, que puso letra a los tangos con un castellano salpicado de lunfardo.
Entonces, los valores fonéticos se aliaron con las melodías tangueras hasta que llegó el cantor que hacía falta: Carlos Gardel. De él, dice Ferrer que no fue que tuviera voz de tango, sino que este, más bien, nació de su voz.
Entre 1925 y 1940, el tango no solo se puso de pantalón largo, sino que se enriqueció con las nuevas generaciones de compositores, bandoneonistas y letristas.
Por último, el tango se enriqueció con Piazzola, notable compositor que lo hizo evolucionar por otros andariveles
Hora GMT: 26/Febrero/2010 - 05:10
